El caso Epstein nos escandaliza porque parece lejano, sofisticado, monstruoso en versión internacional. Pero el abuso infantil en Querétaro no viaja en avión privado: camina por nuestras calles, entra a nuestras casas y muchas veces comparte nuestro apellido. Vivimos entre los monstruos.
Entre el 2020 y el 2024 se registró un aumento de 10% anual en los casos de abuso sexual infantil que son atendidos en hospitales queretanos, sumando un promedio de 162 casos cada año. Según el Observatorio de Violencia Social y de Género de Querétaro tres cuartas partes (75%) de las víctimas son niñas y adolescentes mujeres. A estos niñas y niñas no los captura un tratante renombrado internacional: 6 de cada 10 casos ocurren en el hogar y 45% de los agre sores son familiares directos, es decir, el padre, padrastro, tíos o primos mayores.
Según el INEGI, en 2023 hubo 1,394 nacimientos de madres de 10 a 19 años en Querétaro; casi 100 fueron de niñas de 10 a 14 años. Ese año solo hubo 42 sentencias condenatorias por estos delitos. No me salen las cuentas: el estado sabe oficialmente de niñas pariendo, pero no castiga a sus agresores. ¿Epstein es el único monstruo aquí?