Una jamás pensaría que hay alguien capaz de compartir fotos sin consentimiento de sus esposas, hijas, hermanas o madres. Pero las hay. Y no solo una: 77 mil.
La semana pasada, el colectivo hacktivista DLR intervino para bajar de Facebook un grupo mexicano/latino donde se compartían fotos íntimas de mujeres. Los usuarios se jactaban de que eran imágenes robadas. Presumían a las mujeres como propiedad. Incluso a sus hijas: «¿Alguien comparte fotos de menores?» y una cantidad de respuestas imposible de creer.
Ver la pregunta y luego los comentarios era sentir terror. Terror y asco.
Había mujeres en el grupo, sí. Pero las interacciones eran mayoritariamente de hombres. Tras el cierre, como la hidra, surgieron muchas más. Decenas. Dicho por ellos: «no nos van a detener».
¿Qué hacer? Visibilizarlo. Denunciarlo. Cuestionarlo. Condenarlo. Recordarnos a diario que toda persona tiene dignidad. Que debemos respetarla. Que vuelva el interés por el otro. Por las otras.
Como la hidra: para eliminarla, no basta con cortar cabezas. Hay que cauterizar con fuego las heridas. Una por una. Y tenemos que hacerlo juntos. Así que, ¿eres hidra, espada o fuego?