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10 de junio 2025

Mario Maraboto

La simulación democrática del 1 de junio reveló que sólo 13 millones de personas acudieron, de una u otra manera a votar. Según datos del INE se emitieron poco más de 116 millones de votos, de los cuales alrededor de 12 millones se anularon.

Era de esperar. La anulación de votos se originó, por un lado, en su mayoría, por la invalidación deliberada del voto como forma de protesta, y por el otro, por errores en la votación debidos a la complejidad de la boleta, y a pesar de que el votante hubiera razonado su sufragio o se guiara por los ya famosos (y posiblemente eternos) acordeones. Hasta el esposo de la presidenta y el EX López llevaban el suyo.

En una boleta se emitían múltiples votos (hasta nueve en algunos casos) para distintos cargos. En ciertos distritos, los votantes se enfrentaron a boletas con un número excesivo de nombres y recuadros a llenar (como 326 nombres para elegir 47 posiciones). En comunicación es sabido que demasiada información aturde, confunde y genera tergiversaciones; pero además del exceso de información, en este caso influyó la disposición de los elementos visuales y la falta de explicaciones claras sobre el procedimiento.

Enfrentarse a una boleta demasiado compleja derivó en dos cosas: desistirse de participar, y generar confusión sobre la forma correcta de marcar opciones; en ambos casos nulificaron el voto.

El poco tiempo (y presupuesto) para organizar la elección resultó en un procedimiento complejo con boletas con un diseño sobrecargado y poco intuitivo. Pero más allá de eso, la baja participación efectiva en ésta “elección” afectó la percepción de confiabilidad en el proceso electoral y en la imagen del Instituto Nacional Electoral (INE) que, hasta antes de la elección de 2024, se percibía como un organismo confiable y defensor de la democracia.

En ello influyó la poca oportuna y sesgada participación de la Presidenta del INE, quien tardó en salir públicamente a dar razones del proceso o para establecer sanciones (que nunca se hicieron efectivas). Su tardía aparición se repitió en varias ocasiones en el proceso de la elección judicial como ante la aparición de los acordeones o frente a la duda presidencial de quién debería presidir la Suprema Corte. Recordemos que en 2024 los resultados preliminares de la elección presidencial también tardaron en conocerse y generaron especulaciones. El vacío de información generó desconfianza y podría ponerse peor para México, aunque no para el actual gobierno.

Criticar a un organismo como la OEA por su opinión respecto a esta simulación, no ayuda a generar confianza. Si a la presidenta le interesara demostrar que México es el “país más democrático del mundo”, bien podría declarar nula esta elección fundada en la raquítica votación, en el desacuerdo de 70 millones de ciudadanos que no votaron, o en los 12 millones que anularon su voto. Sé que no será así.

Cantar victoria “contundente” por una decisión que no fue del pueblo sino de una minoría de 13 millones, evidencia lo que debemos esperar a partir de este mes. ¿Recuerdan que el 26 de febrero de 2024 el ahora EX inició su show mañanero asegurando que “lo mejor es lo peor que se va a poner”? Esa vez no dio detalles… hoy ya sabeos qué quiso decir.

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