Nadie puede negar la gravedad del desorden inmobiliario. Zonas de riesgo convertidas en fraccionamientos, familias estafadas con promesas de hogares que terminan inundados o sin servicios básicos, y desarrolladores que operan en los márgenes de la legalidad son una realidad que ha crecido al amparo de la laxitud regulatoria. Como respuesta, el alcalde capitalino ‘Felifer’ Macías inició un operativo de revisión a empresas inmobiliarias, dejando como saldo la primera clausura de un punto de venta de una desarrolladora y el retiro de su publicidad.
SÍ A EL BATÁN
El coordinador del PAN en la Legislatura de Querétaro, Guillermo Vega, afirmó que las lluvias, aunque bienvenidas, no son la panacea para la sed estructural de Querétaro. Su defensa del proyecto hídrico El Batán como una solución “técnicamente viable” respaldada por Conagua y por la Secretaría de Hacienda suena convincente. Sin embargo, su narrativa se tambalea cuando cae en la tentación de polarizar, acusando a Morena de “criticar mucho y no proponer nada”. En el ajedrez político, señalar al rival no siempre equivale a avanzar casillas. Vega tiene razón en un punto crucial: las lluvias, por intensas que sean, son un paliativo temporal.
¿Y LAS PROPUESTAS?
La oposición al proyecto El Batán, encabezada por figuras como el diputado federal de Morena, Gilberto Herrera, ilustra bien el vacío de propuestas que acompaña a las críticas. Es fácil decir “no” a un proyecto de infraestructura, pero ¿dónde están las alternativas? Herrera, con su trayectoria como investigador, tiene una oportunidad de oro para demostrar que su oposición no es solo capricho político. Si tan preocupado está por el impacto ambiental o social de El Batán, ¿por qué no presenta un plan concreto para captar y aprovechar el agua de lluvia que hoy desborda presas e inunda calles? La ciencia que presume debería traducirse en soluciones, no en discursos.
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