La semana pasada (junio 17), Guadalupe Taddei, presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), publicó un artículo en el periódico El Financiero con relación a la “elección” judicial, en el cual señala: “Podemos afirmar con certeza que México vivió un proceso ejemplar.”
La palabra ejemplar está directamente relacionada con su etimología: que sirve de ejemplo. Pero en la vida hay buenos y malos ejemplos. Un mal ejemplo escandaliza, desanima y confunde; un buen ejemplo fortalece, ilumina y empuja hacia la virtud.
En ese sentido, lo expresado por la señora Taddei es cierto: en México, se vivió un proceso que debe servir de ejemplo de lo que no debe hacer un país que busca consolidar su democracia. El proceso, viciado desde su concepción por parte del EX López Obrador, estuvo lleno de irregularidades avaladas tanto por el Poder Ejecutivo como por el Legislativo y convalidadas por una mayoría de consejeros y magistrados electorales.
Esta mal llamada “elección democrática” ha sido calificada como un “cochinero”. Cinco consejeros del propio INE votaron por declararla “no válida” debido a las anomalías, y la Organización de Estados Americanos (OEA), como observador electoral, expresó su preocupación por el desarrollo de prácticas que ponen en duda la autonomía e independencia de los candidatos elegidos y recomendó que el modelo no se replique en otros países de la región.
El desempeño del INE en este proceso estuvo muy lejos de su misión de “organizar procesos electorales libres, equitativos y confiables”. En esta contienda no hubo equidad desde que se permitió (y se apoyó descaradamente) la promoción de allegados a Morena a través de los famosos acordeones, ante lo cual el INE reaccionó tibiamente fuera de tiempo, lo cual llevó a una desconfianza patentizada en el enorme abstencionismo. Por lo mismo, tampoco contribuyó al logro de su visión de “ser una institución moderna, transparente y eficiente, en la que la sociedad confíe plenamente”.
El espíritu de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es que las elecciones sean un reflejo genuino de la voluntad popular, organizadas bajo un marco de derechos y garantías que aseguren la participación activa de los ciudadanos en la toma de decisiones que afectan a la nación. Desde el año 2000, ese espíritu empezaba a sentirse en el país y, aunque con deficiencias, se buscaba respetar los derechos y las garantías de todos los ciudadanos. Gracias a ello se tuvo una alternancia que, inclusive, llevó al poder al movimiento llamado Morena.
En su artículo, Taddei expresa que “se ha abierto una puerta inédita para incidir directamente en la integración del Poder Judicial…”. Lo malo es que, por esa puerta, quien realmente incidió fueron los allegados y convencidos de la transformación de cuarta. Es una lástima que el INE, al cual se le defendió durante las elecciones del 2024, esté perdiendo rápidamente la credibilidad y la confianza de los ciudadanos debido a la actuación de varios de sus actuales consejeros y de algunos ministros del Tribunal Electoral. La elección judicial es un mal ejemplo que no debe repetirse.