Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
Vivimos en una época en la que los algoritmos nos dicen qué ver, qué comprar… y hasta con quién salir. Lo que parecía ciencia ficción ya es rutina: la inteligencia artificial no solo asiste, también decide.
¿El problema? A veces decide mal. Y lo hace con una seguridad que asusta. Herramientas como ChatGPT, Gemini o la que usted prefiera, pueden traducir, escribir y hasta “investigar”, pero a veces también pueden inventar datos, confunden fuentes y, sí, mienten.
En Estados Unidos, muchos abogados han presentado documentos con jurisprudencias ficticias generadas por IA, según lo documentado. Algunos han sido sancionados, otros multados, y varios han pasado a la llamada “base de datos de la vergüenza”. ¿En México? No sabemos cuántos casos hay… todavía.
La IA no es el enemigo; el riesgo es usarla sin supervisión, criterio ni ética. Antes de confiar ciegamente, hay que entender cómo funciona, corroborar lo que produce y saber cuándo no usarla.
Porque si dejamos que haga todo por nosotros, nos volveremos prescindibles. Y en ese momento, quizá el único café que nos invite sea para avisarnos que… ya no nos necesita.