Paloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
Si usted cree que los temas de seguridad entre México y Estados Unidos ocurren por separado, quizá valga la pena mirar el tablero completo.
Desde 2025, cuando Estados Unidos designó a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, la relación bilateral entró en una nueva etapa. Este cambio permite aplicar sanciones más severas, perseguir redes financieras e incrementar la presión diplomática sobre México.
A ello se suman los acuerdos alcanzados en mayo de 2026 entre el gabinete de seguridad mexicano y funcionarios estadounidenses. Aunque muchos detalles no son públicos, el mensaje es claro: la cooperación en seguridad se está fortaleciendo.
La pregunta no es si México y Estados Unidos deben colaborar. Eso es más que evidente. La pregunta es qué implicaciones tendrán estos acuerdos y qué tan profunda será esa cooperación.
¿Tiene relación con la situación en Sinaloa? ¿Con la presión estadounidense sobre el combate al crimen organizado? ¿Con futuras negociaciones económicas y políticas? Es difícil saberlo todavía, pero tampoco hay que ser adivinos…
Lo que sí sabemos es que los movimientos recientes no parecen casualidad. Y cuando Washington empieza a mover piezas, generalmente está pensando varios movimientos adelante.