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16 de septiembre 2025

Laura Aguilar

El instante en que todo cambia
El salón está listo. Sobre las mesas esperan los materiales: hilos, moldes, frascos. Afuera, la mañana huele a tierra húmeda. Las mujeres van llegando de a poco. Algunas vienen aún con el uniforme del trabajo, otras traen la mirada cansada de quienes madrugaron para dejar todo en orden en casa antes de salir. Se sientan en silencio, observan, esperan.

El primer momento siempre es tímido, como si nadie supiera bien qué va a pasar. Hasta que una de ellas rompe el hielo: pregunta algo, toma una herramienta, sonríe. Y entonces, la atmósfera cambia. Se escuchan las primeras risas, las conversaciones comienzan a fluir, las manos se ponen en movimiento. Algo invisible se enciende.

Lo que no se puede medir
En Epigmenio González, en Cayetano Rubio y en otras comunidades de la zona metropolitana, he visto esta escena repetirse una y otra vez. Y cada vez me conmueve igual. No es solo que aprendan a hacer jabones, conservas o artesanías. Es la manera en que se transforman en el proceso.

La mujer que llegó diciendo “yo no soy buena para esto” termina mostrando su trabajo con orgullo. La que pensaba que ya no podía aprender nada nuevo se descubre capaz de crear algo hermoso con sus propias manos. La que llevaba tiempo sintiéndose invisible, recupera la certeza de que tiene algo que aportar.

Voces que inspiran
Doña Marta me lo dijo una vez, al terminar el taller, con los ojos brillando:

“Nunca pensé que a mi edad pudiera aprender algo nuevo. Hoy me voy sabiendo que puedo hacer algo por mí misma y ayudar en mi casa.”

Esa frase me acompaña siempre. Porque en cada taller hay una Marta, una mujer que descubre que todavía puede, que no es tarde, que está a tiempo.

Más que capacitación, un refugio
En los últimos meses se han realizado más de 100 talleres y han participado más de 3,500 personas. Pero detrás de cada cifra hay una historia que no cabe en ningún reporte: la risa de quien vuelve a sentirse útil, la emoción de quien ya piensa en vender lo que acaba de aprender a hacer, el alivio de quien encontró un respiro en medio del caos diario.

Una invitación abierta
Si estás leyendo esto y has sentido que necesitas un nuevo comienzo, estos espacios son para ti. Ven, aprende, crea, sueña. Los talleres seguirán llegando a Epigmenio González, Cayetano Rubio y a más comunidades. Porque cada vez que una mujer se atreve a dar este paso, algo en su vida —y en su comunidad— empieza a moverse.

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