La inteligencia artificial (IA) dejó de ser un concepto futurista: ya está aquí, transformando cómo vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Querétaro no es ajeno a esta revolución silenciosa. Cada vez que buscamos una ruta en el celular, que las empresas mejoran su producción o que el gobierno analiza datos para diseñar programas sociales, la IA está ahí, operando en segundo plano y moldeando nuestro presente.
A escala global, su crecimiento es vertiginoso: el mercado de la IA podría alcanzar 632 000 millones de dólares para 2028, en medio de una competencia que parece una nueva “guerra fría digital”, donde Estados Unidos, China y la Unión Europea disputan el control de semiconductores, centros de datos y el talento que definirá el rumbo del mundo.
Pero la IA es mucho más que algoritmos y máquinas. Es una herramienta de cambio social y cultural. Naciones Unidas estima que puede contribuir al cumplimiento de 128 de las 169 metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, acelerando diagnósticos médicos, prediciendo desastres naturales y optimizando el uso de energía. Sin embargo, sin un marco ético sólido, también puede profundizar desigualdades, abrir la puerta a la vigilancia masiva o ser utilizada con fines bélicos. La IA no es buena ni mala: refleja las decisiones que tomamos como humanidad.
Es tiempo de decidir
El mundo ya se mueve. En 2025, más de 100 científicos y líderes internacionales pidieron a la ONU establecer “líneas rojas” para reducir los riesgos de la IA. En París, 58 países firmaron un acuerdo para garantizar que su desarrollo sea inclusivo, ético y seguro.
La Unión Europea, por su parte, avanza con el AI Act, que a partir de 2026 exigirá a las empresas explicar cómo entrenan sus modelos y asumir responsabilidad sobre sus resultados.
México necesita dar un paso firme. Aunque se han presentado más de 50 iniciativas legislativas sobre IA desde 2020, todavía no existe una ley que regule su uso. Este vacío es alarmante en un momento en el que el país se convierte en un polo de infraestructura digital.
Querétaro, en el centro de la transformación
Nuestro estado es protagonista de esta historia. La empresa CloudHQ invertirá 4 800 millones de dólares en un megacampus con seis centros de datos, generando 7 200 empleos temporales y casi 900 permanentes, todos de alta especialización. Querétaro puede convertirse en el corazón tecnológico de México, pero para que esta oportunidad beneficie a todas y todos, necesitamos políticas que garanticen un crecimiento responsable: uso de energía limpia, cuidado del agua —un recurso vital para la región— y programas de transferencia de conocimiento a universidades y centros de investigación.
El estado tiene una base sólida para lograrlo. En el Índice de Desarrollo Digital Estatal 2023 obtuvo 73 de 100 puntos, ocupando el segundo lugar nacional, y redujo su rezago educativo 3,1 puntos porcentuales en dos años.
Más que tecnología: una reflexión necesaria
La IA debería servir para hacer más humanas nuestras decisiones, no para reemplazarlas. Debería ayudarnos a cerrar brechas, no a ampliarlas. Cada avance tecnológico debe ir acompañado de un avance social: más oportunidades de educación, empleos de calidad, inclusión y bienestar para las familias.
El futuro de la inteligencia artificial no se define en laboratorios lejanos: se construye en cada estado, en cada municipio y en cada hogar. Querétaro tiene la posibilidad de marcar el camino para México, demostrando que el progreso tecnológico puede ir de la mano con justicia social.
La pregunta no es si la IA llegará: ya está aquí. La verdadera pregunta es si estaremos listos para usarla con responsabilidad, para construir un desarrollo más justo, sostenible y humano.