“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer y, en ese claroscuro, surgen los monstruos». Gramsci
Greta Thunberg fue capturada y torturada por el estado de Israel, su crimen: llevar ayuda humanitaria a Gaza. La golpearon y la obligaron a besar la bandera de Israel, pero ella tiene una determinación de acero, no le teme al Estado de Israel, le teme a un mundo que ha perdido todo su sentido de humanidad. El Premio Nobel Octavio Paz escribió: ”La indiferencia también es violencia”, y es que, mientras Greta podría estar cómodamente en su país de primer mundo, Suecia, y divertirse como otros chicos de su edad, en vez de eso, la activista de 22 años decide, junto con su flotilla, llevar ayuda humanitaria a las personas que son víctimas del genocidio en Gaza. Ella y su flotilla navegan para desafiar a las estructuras incapaces de evitar que estos crímenes de guerra ocurran, no solo en Gaza, sino en todo el mundo. Navegan hacia un mundo libre de racismo y opresión como en un sueño, como un ave cuyo plumaje es tan bello que no se ensucia en el pantano.