Ciudadanía y Café/Paloma Espinoza Cházaro
@palomaechazaro
Hablar de internacionalización en la educación es hablar de abrir las puertas del mundo para la comunidad estudiantil. Es dotarles de un kit de herramientas más allá de los conocimientos generales: un kit que incluye curiosidad, empatía y la capacidad de mirar con otros ojos.
Internacionalizar no solo es viajar. Es aprender a convivir con otras culturas, tradiciones, idiomas, formas de pensar, comer y entender la vida y comprender que “conocer solo lo que uno conoce, no es conocer el mundo”.
Pero ¿por qué hablar de internacionalizar una universidad? Porque es indispensable si queremos mejorar la calidad académica, impulsar la innovación y fortalecer la visibilidad institucional. La internacionalización permite ponerse en el mapa, mejorar los rankings, integrarse a redes globales de investigación y compartir conocimiento con quienes enfrentan los mismos desafíos desde realidades distintas.
Además, promueve el desarrollo de competencias globales: pensamiento crítico, cooperación, respeto a la diversidad y una perspectiva más amplia del papel que jugamos en un mundo interconectado. Y no menos importante, contribuye al desarrollo institucional, a la proyección internacional de nuestras universidades y a la movilidad académica que tanto enriquece.
Así que, si usted todavía cree que abrir las puertas al mundo no tiene importancia, quizá valdría la pena volver a mirar hacia dentro… y darse la oportunidad de abrirse. Claro, siempre y cuando cumplamos con el piso mínimo para poder hacerlo.