Hablar de educación sin hablar de cómo aprendemos es como querer correr sin saber caminar. En México, presumimos que el 95 por ciento de la población sabe leer y escribir, según el Inegi, pero de ahí a entender cómo aprendemos, hay un abismo más grande que la fila para reinscribirse en línea.
Existen distintos estilos de aprendizaje: el visual (el que necesita ver para creer), el auditivo (el que todo lo memoriza escuchando), el kinestésico (el que aprende haciendo) y el de lectura/escritura (el que sobrevive a base de apuntes). No obstante, en el aula, seguimos enseñando igual que hace 50 años, como si todos fuéramos fotocopia del mismo estudiante ideal.
Los datos lo confirman: solo el 45 por ciento de jóvenes llega a la educación media superior o superior. ¿Por qué? Porque seguimos evaluando con reglas que ignoran la diversidad. Claro, luego nos preguntamos por qué el aprendizaje se olvida más rápido que la lista del supermercado.
La Unesco dice que aprender toda la vida es clave, pero aquí seguimos repitiendo lo mismo, sin entender que no todos aprendemos igual. Si usted cree que enseñar es solo “decir y repetir”, le aviso: la educación del siglo XXI ya cambió… solo falta que la suya también.