La dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, presumió los resultados de una encuesta que proyecta un optimismo contagioso para Morena, destacando un potencial dominio en 15 de 17 estados en disputa para 2027. Esto no solo motiva a la base partidista, sino que refleja una narrativa de continuidad en el apoyo popular, reconociendo al “pueblo de México” como actor central, lo cual fortalece la conexión emocional con votantes que valoran el agradecimiento genuino y la promesa de no traicionar la confianza depositada. La marca de Morena se ve fortalecida en un panorama nacional.
LO MALO
Sin embargo, como toda encuesta, esta publicación se reduce a un instrumento propagandístico más que a un análisis riguroso. Al enfatizar victorias en la mayoría de estados mientras admite derrotas en Querétaro y Aguascalientes, Morena podría estar subestimando la diversidad regional, ignorando que el PAN mantiene bastiones sólidos gracias a gestiones locales efectivas, lo cual diluye la credibilidad de un “triunfo arrollador”. Además, reconoce prematuramente la derrota electoral en Querétaro y Aguascalientes, lo cual podría demeritar el trabajo local del partido guinda.
LO PEOR
Lo más alarmante es el ‘timing’ y el tono triunfalista en redes sociales, que sugiere una prematura celebración en un contexto de polarización nacional, potencialmente alimentando la apatía opositora o la complacencia interna. Los partidos políticos siguen usando las encuestas como herramientas preelectorales. No son de utilidad para el ciudadano, sino que son ejercicios efímeros que cuestan mucho y que se pagan con los impuestos de los electores; no ofrecen información trascendente y solo enriquecen a las empresas encuestadoras que otorgan sus servicios al mejor postor.