¿A quién me refiero cuando describo a alguien como soberbio, patán que ofende a quien le da la gana, confrontador, con alta expresividad emocional (gestos, tono enérgico, lenguaje enfático), desafiante de la ley y la autoridad, manipulador, violento, y siempre deseoso de generar impacto público y mediático?
Se trata de alguien que ha logrado notoriedad desde hace varios años, precisamente, por esos rasgos visibles de su personalidad; un “grillo” de tiempo completo que en los últimos meses ha destacado negativamente por sus actos y sus dichos: José Gerardo Rodolfo Fernández Noroña.
Su historial de grillo data de 1980, cuando, a los 20 años, encabezó las exigencias vecinales por el derecho a la vivienda. Ocho años después, fracasó como candidato a diputado federal por el Partido Mexicano Socialista, pero desde que se empoderó al lograr su primera diputación en 2009, se ha distinguido por su violencia (física y verbal), por hacer lo que le da la gana burlando leyes y reglamentos, y recientemente ostentando una riqueza de dudosa procedencia.
Le encanta hacer noticia de sí mismo: se ha tirado al piso al paso del automóvil presidencial (1996); ha insultado a quien se le antoja desde la tribuna del Congreso; en 2020, hizo un gesto obsceno hacia una diputada; durante la pandemia, se negó a usar cubrebocas en espacios cerrados del Congreso y del INE, y ha interrumpido sesiones en las cámaras con gritos y gestos amenazantes.
Lo más reciente de sus escándalos ha sido obligar a un ciudadano a pedirle disculpas en la tribuna del Senado por un altercado en el Aeropuerto, la confrontación violenta con el líder del PRI en el Senado, su viaje a París, su casa en Tepoztlán y, ahora, su viaje a Palestina, cuyo motivo real y costo han dejado más dudas que certezas. Ante estos eventos de un morenista (solo por hablar de él) y a pesar de que hay una evidente violación a las leyes, la presidenta Sheinbaum ha evitado opinar sobre el tema diciendo que sea Noroña quien transparente y explique sus razones.
No es la misma actitud de la presidenta hacia miembros de la oposición. En noviembre pasado, al comentar sobre una crítica de Ernesto Zedillo, respondió: “Ni siquiera se atrevieron a decir algo sobre el Fobaproa, la mayor estafa a los mexicanos y mexicanas”; el pasado marzo, ante las críticas por el festival-asamblea al que convocó en el Zócalo, dijo a la oposición que, “de perdis, pidan perdón al pueblo de México”; hace tres meses que se criticó el comportamiento de algunos miembros de su movimiento, se refirió al presidente del PAN y al senador Anaya como “caraduras” que se quieren presentar como “puros.”
Para ella no hay nada que comentar sobre el fraude de Segalmex y su protegido exdirector, o el del huachicol fiscal, la verdadera mayor estafa a los mexicanos; jamás comentaría que Noroña de perdis pida perdón por sus ofensas a las mujeres ni reconocería que algunos gobernadores y senadores morenistas se presenten como “puros” aunque no lo sean.
Para ella, no todos son iguales, aunque hay algunos de ellos que son peores.