Han desparecido 17 niños, todos asistían a la misma escuela primaria y todos estaban en el mismo salón. Exactamente a las 2:17 horas se levantaron de sus camas, abrieron las puertas de sus casas y salieron corriendo hacia la noche. Nadie se explica los motivos y las autoridades no tienen idea de su paradero. En el transcurso de las investigaciones, murió gente en circunstancias extrañas y terribles. Todo ocurrió en un pequeño poblado de Pensilvania.
El joven director Zach Cregger nos regala una joya del género de terror. Si bien rescata lugares comunes, su narrativa y macabro sentido del humor hacen, de esta, su segunda cinta, una delicia para amantes de los sustos. Los sucesos se cuentan de manera no lineal y desde la perspectiva de seis personajes. Cada uno aporta su punto de vista: la maestra (estupenda Julia Garner), el padre de uno de los niños desaparecidos (Josh Brolin), un policía y un drogadicto en secuencias delirantes, el director de la primaria (un sorprendente Benedict Wong) y el cerrojazo con la historia de Alex, el único niño de la clase que no desapareció y aporta los elementos definitivos para resolver este entramado. Como buena representante del género, no falta el suspenso, el ente maligno y las secuencias gore, muy sangrientas, pero totalmente justificadas. Cada historia va subiendo de intensidad hasta llegar a la última, que se antoja surrealista y con una resolución impactante.
También funciona como una alegoría a la violencia en las escuelas. El director hace referencia a un tiroteo ocurrido en Florida donde 17 personas murieron en febrero de 2018 (2:17 no es ninguna coincidencia) y hay una secuencia onírica donde uno de los niños corre hacia una casa y, en el cielo, se advierte un rifle automático con esa leyenda. Cregger ha demostrado ser un cineasta creativo con peculiar sentido del humor y será interesante ver sus proyectos futuros. Muy recomendable. Disponible en HBO.