En su segundo largometraje, el director colombiano Simón Mesa Soto logra construir un personaje entrañable, extraído del folklore más pintoresco y trágico latinoamericano. Oscar Restrepo (excelso Ubeimar Rios) es un veterano poeta, alcohólico, férreo admirador de José Asunción Silva y económicamente arruinado. Vive con la madre enferma, tiene una hija adolescente a la que adora, pero con la que no puede conectar; es miembro de una cofradía de literatos, contemporáneos suyos, y parte de sus aficiones es embriagarse, hablar de escritores (no tolera a García Márquez) hasta perder conciencia y dormir en las calles. Tocando fondo, acepta un trabajo como profesor de filosofía en una preparatoria y conoce a Yurlady, una quinceañera con talento innato para la poesía y la pintura. La vida de Restrepo da un giro de tuerca inesperado.
Tratando de alentar a su alumna para desarrollar su vena artística, la anima a participar en un concurso de poesía (organizado por sus amigos) y en el inter conoce a su numerosa familia que recibe al maestro con amabilidad, mucha curiosidad y como una oportunidad de sacar algo de dinero en el camino. La muchacha no está interesada, pero accede y se desatan una serie de eventos que caen en lo trágico, cómico, conmovedor y hasta improbable. Hay un par de secuencias que se antojan de risa loca sino tuvieran un contexto inquietante. Mesa Soto, cual gran observador de su sociedad logra construir un drama intenso a partir de personajes extraídos de las esferas más humildes de Medellín.
Gran ejemplo de un cine a contracorriente que vale la pena repasar. Disponible en HBO y supongo que por poco tiempo.