¿Cómo se hace para contar la historia de uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo pasado? Lo primero es traerse a un buen director, en este caso Antoine Fuqua, cineasta con trayectoria probada y reconocida. Después escribir un buen guion y esto corrió a cargo de otro tipo experimentado, John Logan, acostumbrado a encargos de realizadores de la talla de Ridley Scott, Scorsese, Sam Mendes. Asegurados estos dos aspectos, el siguiente paso sería tal vez el más obvio: ¿qué actor daría vida a la leyenda? Un tal Jaafar Jackson, sobrino del cantante e hijo de uno de los hermanos (Jermaine). Y el gran acierto de este proyecto, centrarse en la música, en el gran legado que nos dejó uno de los artistas más icónicos de la historia moderna.
La narrativa parte desde la infancia del pequeño Michael en Gary, Indiana. Décimo vástago de una familia de 12 hermanos (la más pequeña, Janet, no se menciona en ningún momento), cuyo padre sueña con que sus hijos conozcan la fama y fortuna en la industria musical. Michael es dueño de una voz prodigiosa y junto con cuatro de sus hermanos mayores forman The Jackson 5. El jerarca de la familia (estupendo Colman Domingo) se desempeña como un verdadero patriarca, explotando los talentos de sus retoños.
La historia se va contando sola, desde su profunda relación con su madre, la asociación definitiva con Quincy Jones en Motown, la grabación de los legendarios Off The Wall (1979) y Thriller (1982), las primeras cirugías, los famosos videos y su paso por MTV, el accidente casi fatal, hasta la famosa gira Bad en 1988.
Con poco más de dos horas de duración, este es un biopic que vale la pena ver en pantalla grande y acaba de estrenarse. No se lo pierdan.