Finalmente se realizó en diversas ciudades del país, incluida Querétaro, la denominada Marcha de la Generación Z contra la corrupción, la violencia, y la inseguridad, convocada a través de las redes sociales, sin líderes visibles.
Este fenómeno político-social digital fue un reflejo del activismo juvenil dentro del contexto de la crisis de inseguridad y violencia que se vive en el país. No obstante, en las diversas manifestaciones participaron miles de adultos de todas las edades, inconformes con la situación del país en corrupción, inseguridad y violencia.
Durante los días previos a la marcha, la presidenta Sheinbaum reconoció el derecho de los jóvenes a expresarse “de forma pacífica y sin actos de violencia”, seguramente para evitar ser vista como represiva y proteger su imagen y, en afán de restarle autenticidad y desacreditarlo, sugería que el movimiento fue manipulado desde fuera para generar violencia.
No es la primera vez en México en que se cuestionan y se tratan de minimizar las manifestaciones, especialmente cuando se trata de jóvenes. Tampoco es la primera vez en que en estos movimientos se da violencia, generada por externos a quienes se manifiestan de manera legítima. La más notable fue la de 1968 organizada por un órgano de dirección estudiantil colegiado, en respuesta a la represión del Estado en contra de estudiantes, reprimida con soldados por órden presidencial.
En los años setenta hubo en el país todo tipo de manifestaciones, muchas convocadas por organizaciones estudiantiles más que por líderes políticos. Particularmente interesante la del 10 de junio de 1971, conocida como “El Halconazo”, durante la cual, por órdenes del entonces presidente (Echeverría), se infiltró un grupo paramilitar conocido como “Halcones” para reprimirla violentamente.
De igual forma destaca el movimiento universitario de 1986 convocado por un grupo de estudiantes que integraron el Comité Estudiantil Universitario (CEU) de donde surgieron líderes que después se convirtieron en figuras políticas nacionales como Martí Batres, Claudia Sheinbaum, y Carlos Imaz (exesposo de Sheinbaum) entre otros. Curiosamente cuando fue líder estudiantil, Sheinbaum señalaba que se intentaba desacreditar su movimiento porque era una respuesta legítima frente a la autoridad. Si hoy fuera estudiante ¿Se habría unido y apoyado este movimiento que legítimamente reclama seguridad y fin a la violencia?
Reafirmando su discurso, el sábado por la tarde Sheinbaum “condenó” la violencia, sin mencionar que fue generada por un grupo identificado como “El bloque negro” muy similar, pero más sofisticado que el de los halcones de 1971.
No es lo mismo ser estudiante que ser presidenta. Si dice que hubo operación política, o la vivió como estudiante y hoy la aplica como presidenta, o sólo es un argumento para su beneficio. Lo que es inevitable es que, por labor de inteligencia, sabía que habría violencia y la permitiría para reforzar su imagen como pacifista. ¿Será que este gobierno opera igual que el de Echeverría o el de Díaz Ordaz? En cuanto a los lesionados…. “que se investigue”, dijo ayer.