Cada año llega el Buen Fin con su promesa de “reactivar la economía” y “apoyar al comercio local”. Y sí, hay movimiento: ventas buenas o excelentes en el 71 % de negocios y una derrama preliminar de 200 mil millones de pesos. Pero acá entre nosotros… ¿de verdad estamos apoyando al pequeño comercio o solo ampliando la colección de meses sin intereses?
Los datos son claros: 70 % de las ventas se concentró en electrónicos, ropa, muebles y línea blanca. Es decir, lo que solemos comprar en cadenas gigantes, no en la tiendita de la esquina. Aunque 36 % de quienes participaron fueron negocios familiares, la realidad es que el consumo fuerte se lo llevan los de siempre.
Además, 79 % de las compras se hicieron con tarjeta y casi un tercio fueron a MSI. Y la plataforma líder de ventas en línea reportó que 53 % de sus compradores fueron millennials, los reyes del “me lo merezco” y de la deuda diferida a 24 meses.
Claro que el Buen Fin mueve la economía. Pero también mueve la tarjeta, el límite de crédito y el estrés financiero. Si de verdad queremos apoyar al comercio local, quizá hay que mirar más allá de la pantalla y menos al carrito virtual.
Porque endeudarse no es activación económica… es activación de la preocupación futura. Y eso, querido lector, ni con el mejor descuento del Buen Fin se quita.