El 25 de noviembre no es una fecha para discursos vacíos. Es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, un recordatorio de que en México millones de mujeres vivimos agresiones físicas, psicológicas, digitales, patrimoniales y sexuales. Según datos oficiales del INGEI, 7 de cada 10 mujeres hemos experimentado al menos un tipo de violencia a lo largo de nuestra vida. No, no es una exageración: es la realidad que vivimos día con día.
Por eso resulta indignante escuchar a personajes públicos —como Fernández Noroña— utilizar esta fecha para descalificar a una mujer, Grecia Quiroz, por el hecho de tener aspiraciones políticas. ¿Desde cuándo ser mujer y querer gobernar es motivo de burla o sospecha? ¿Desde cuándo el dolor se considera estrategia?
Y, sobre todo, ¿con qué derecho alguien reduce una tragedia —el asesinato de su esposo— a un cálculo electoral? ¡Ojo! No murió por causas naturales: fue un crimen del narcotráfico, ese que ningún gobierno ha logrado enfrentar con eficacia. Pero qué fácil es culpar a otros, en lugar del sistema fallido.
El cinismo de lanzar ataques justamente el 25N no solo es insensible: es un recordatorio de por qué seguimos luchando. Porque en pleno 2025 todavía hay quienes creen que pueden opinar, juzgar y desestimar sin consecuencias.
Las mujeres no pedimos permiso para estar en política. No necesitamos validación de nadie. Y no vamos a guardar silencio cuando la violencia se genera desde el poder.