Como usted sabe, el uso de la inteligencia artificial avanza más rápido que nuestra capacidad de decidir si nos emociona… o nos espanta. Y si no me cree, basta mirar el famoso anuncio navideño de cierta marca de etiqueta roja y bebida de sabor oscuro (si, ese del que muchos tienen una adicción), ahora producido casi por completo con IA.
El año pasado fue duramente criticado y, aun así, este año repitieron la fórmula. Claro, mejoró bastante, pero no deja de sentirse un poco… frío. ¿Será que el público todavía no conecta con la Navidad hecha por algoritmos? Lo que sí es un hecho es la velocidad: lo que antes llevaba casi un año de producción, hoy se resolvió en semanas. Y aunque la empresa presume que usó el mismo número de colaboradores, el ahorro económico y operativo es innegable
Eso sí, optaron por puros animales en pantalla, no fuera a ser que los humanos se vieran otra vez como personajes “casi humanos” pero “no del todo humanos”.
Entre eficiencia, recorte de tiempos y debates éticos sobre creatividad y empleo, la IA ya llegó a la publicidad… y llegó para quedarse. Nos guste o no.
Pero dígame usted: ¿ya vio el anuncio? ¿Le gustó? ¿O ni cuenta se dio?