Hacer cine en Irán, criticando al régimen en el poder puede ser sinónimo de censura, persecución, encarcelamiento. Todo esto le ha ocurrido al veterano realizador Jafar Panahi que, a pesar de todos los obstáculos, ha sido fiel a su postura. Ahora, con su decimosegundo largometraje, ha conseguido uno de los más importantes reconocimientos en la industria al levantarse con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes. Con su estilo sobrio, minimalista y un sarcástico sentido del humor, el director nos regala una historia sencilla pero muy profunda sobre las cicatrices y taras que enfrenta una sociedad que ha estado envuelta en gran cantidad de conflictos internos y externos.
La historia se centra en Vahid, un mecánico de origen azerí que reconoce a su torturador por el sonido de la prótesis en una de sus piernas. El militar viajaba con su familia y en el trayecto atropella a un perro y, de ese sencillo incidente, se desprende una serie de eventos que se antojan hasta surrealistas. El “pata de palo” termina en el taller de Vahid y este lo secuestra y lo sube a su camioneta, pero no está seguro de su identidad ya que nunca le vio la cara en prisión y contacta a varios personajes para confirmarlo. Así, aparecen en escena una serie de exprisioneros que, cada uno a su manera, enfrentan el terrible hecho de tener a su captor enfrente. Con un humor delicioso y escenas bien planteadas, “un simple accidente” es una joya que se puede disfrutar en cartelera estos días. ¡Felices fiestas para todos los lectores!