La noticia del fin de semana en Venezuela y en el mundo fue la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas armadas norteamericanas. Días antes, la noticia había sido la salida de Venezuela y su llegada a Oslo, Noruega, de la lideresa venezolana opositora, María Corina Machado.
Me parece que ambos eventos tienen el factor común de la intervención del Gobierno de los Estados Unidos, en operaciones quirúrgicamente diseñadas para alcanzar los objetivos planeados: sacar de Venezuela a un emblema de la lucha por la democracia y quitar del camino, para el mismo fin, a quien usurpó el poder en las pasadas elecciones.
En ambos casos, todo se realizó bajo estricta secrecía por alto riesgo para todos los involucrados. Por tanto, no hay mucha información pública disponible para saber cómo se dieron las cosas. Pregunté al ChatGPT especialmente por el caso de Machado. La respuesta fue como leer el guion de una película de ‘Misión imposible’.
La operación tomó semanas de preparación, con ayuda de una red de apoyo de opositores y colaboradores fuera del país. El 8 de diciembre, Machado fue trasladada por tierra disfrazada, para atravesar numerosos puntos de control militar hasta la costa y embarcar en una pequeña lancha hacia la isla de Curazao (un territorio del Reino de los Países Bajos en el Caribe), enfrentándose a mares difíciles y condiciones peligrosas. El trayecto duró varias horas: se supone que inició su salida entre las 14:00 y15:00 horas para llegar a la costa cerca de la medianoche.
El día 9, zarpó la pequeña embarcación hacia las 5:00 horas, para llegar a Curazao alrededor de las 16:00 horas, en donde cerca de las 9:00 horas (tiempo local) del día 10, abordó un jet privado cuya base está en el Aeropuerto Internacional de Santiago de Querétaro y es operado por una empresa dedicada a vuelos privados y chárter. El resto de la historia ya lo conocemos.
Informes indican que hubo apoyo logístico de un equipo estadounidense especializado en rescates y evacuaciones, y que diversos aliados colaboraron para facilitar el viaje sin ser detectada, pero poco (o nada) se ha dicho de todos los desconocidos que intervinieron en esta operación secreta y que probablemente, al no tener información por lo delicado y trascendente del tema, y para evitar posibles filtraciones de información que comprometieran la operación, ignoraban el riesgo que podían correr.
Pienso en quienes la acompañaban por tierra hacia la costa y los que diseñaron el disfraz de Machado para no ser reconocida; en los tripulantes de la pequeña embarcación navegando en un mar turbulento en la oscuridad antes del amanecer; en quienes la hospedaron en Curazao mientras abordaba el vuelo y, en especial, en el piloto del avión que la llevó a Noruega quien indudablemente era mexicano.
Todos ellos deben haber pasado largas horas de incertidumbre para lograr que una operación de alto riesgo como esta, considerada de alto riesgo debido a la vigilancia y prohibiciones del Gobierno venezolano, resultara exitosa. Seguramente, la mayoría de los participantes se enteraron de lo que se trataba hasta el último instante, y aun a riesgo de su vida, decidieron colaborar. La lucha por la democracia se los agradece.