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9 de enero 2026

Mauricio Cárdenas Palacios/Diputado local por el VI distrito

En 1999, con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, iniciaba una historia de un régimen marcado por una serie de crisis políticas y económicas, así como por violaciones de derechos humanos y represión política que continuó Nicolás Maduro y que hace unos días, por fin, llegó a su fin.

Es por ello que desde Querétaro y desde el Partido Acción Nacional levantamos la voz con claridad y sin ambigüedades para condenar la narcotiranía encabezada por Nicolás Maduro y las devastadoras consecuencias humanitarias y democráticas que su régimen impuso al pueblo venezolano. No se trata de una postura ideológica ni de un debate partidista, sino de una defensa firme de la dignidad humana, de la libertad y del derecho irrenunciable de los pueblos a vivir en democracia.

Lo que ocurría en Venezuela no admite matices ni normalización. La concentración del poder, la anulación de las instituciones, la persecución sistemática de la oposición y el encarcelamiento de miles de presos políticos son prácticas propias de una dictadura que traicionó a su nación. La democracia fue asfixiada deliberadamente y el Estado de derecho sustituido por un aparato de represión.

Hoy, es necesario que en este país exista una transición pacífica, ordenada y democrática que devuelva la voz al pueblo venezolano.

Las consecuencias humanas de este régimen autoritario son desgarradoras: millones de familias perdieron el acceso a la salud, la educación y a lo más básico para subsistir. Venezuela pasó de ser una nación con enormes recursos a un país marcado por el hambre, la pobreza y el miedo. El resultado es una de las crisis migratorias más grandes del mundo: más de ocho millones de venezolanos se vieron obligados a abandonar su país, no por decisión propia, sino por supervivencia. Familias separadas, niños creciendo lejos de sus padres y adultos mayores dejando atrás toda una vida de trabajo son el rostro humano del fracaso de este modelo autoritario.

A esta tragedia se suman los señalamientos sobre los vínculos del régimen de Nicolás Maduro con el crimen organizado y el narcotráfico, lo que profundiza la descomposición institucional y representa una amenaza real para la estabilidad de toda la región. Callar frente a ello o intentar justificarlo es una forma de complicidad.

Desde el PAN creemos que América Latina merece gobiernos que respeten la ley, las libertades y los derechos humanos. No creemos en la indiferencia ni en los silencios convenientes. Reiteramos nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y nuestro compromiso con la democracia.

La libertad no se negocia, la dignidad no se somete y cuando un pueblo es oprimido, el silencio también oprime.

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