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23 de enero 2026

Mauricio Cárdenas Palacios/Diputado local por el VI distrito

Hay momentos en la vida pública en los que el silencio se vuelve complicidad.

No podemos quedarnos callados ante una reforma que pretende redefinir las reglas de nuestra democracia desde la soberbia del poder y no desde el interés de la nación.

Como diputado del PAN en Querétaro, pero sobre todo, como ciudadano no puedo ni debo callar ante una propuesta que atenta contra la libertad de millones de mexicanas y mexicanos, porque lo que está en juego no es una ley más, se trata del futuro del pluralismo, de la competencia política y principalmente y lo más importante, la voluntad de las y los ciudadanos.

La reforma electoral que impulsa Morena no nace del consenso ni del diagnóstico serio, su origen es la ambición de permanecer, así lo ha advertido Gustavo López Montiel, investigador del Tecnológico de Monterrey, ya que todo apunta a que se trata de una reforma con la clara intención de consolidar a la llamada 4T en el poder y, cuando una iniciativa busca asegurar la permanencia de un proyecto político y no fortalecer las instituciones, deja de ser reforma y se convierte en amenaza.

No estamos ante un ajuste técnico ni una modernización legal como lo han dicho los actores políticos de Morena, la realidad es que estamos frente a un proyecto que pone en riesgo la pluralidad, la equidad en las elecciones y la democracia mexicana. Morena quiere cambiar las reglas mientras compite, debilitando a los árbitros y concentrando decisiones clave en manos del oficialismo. Ese camino ya lo conocemos en otras latitudes y nunca termina bien.

Uno de los aspectos más alarmantes es la reducción del financiamiento público a los partidos sin fortalecer de manera paralela la fiscalización. Digámoslo sin rodeos: reducir recursos sin reforzar controles no combate la corrupción, la normaliza porque abre la puerta a que el dinero del crimen organizado, particularmente del narcotráfico, se infiltre en las campañas y capture decisiones públicas. Se desmantelan, así, los pocos diques que hoy contienen el dinero ilegal en la política.

Desde el PAN no defendemos el uso indiscriminado del dinero público, lo que sí defendemos son los mecanismos que permiten vigilarlo, auditarlo y transparentarlo. Quien hoy aplaude una reducción irresponsable del financiamiento, mañana será corresponsable cuando las elecciones se decidan con recursos de origen oscuro.

Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, asegura que esta reforma no es un “capricho”. Si no lo es, ¿por qué cerrarse al debate? ¿Por qué rechazar las propuestas de la oposición, de especialistas y de la sociedad civil? Las reformas que fortalecen la democracia se construyen escuchando; las que buscan control se imponen.

El PAN no se opone a una reforma electoral de fondo. Nos oponemos a una legislación diseñada desde el poder para servir al poder. Nuestro dirigente nacional, Jorge Romero, lo ha dicho con claridad: este es un proyecto de control político que pone en riesgo la pluralidad, la equidad en las elecciones y la propia democracia mexicana.

La llamada #LeyMaduro no es una consigna, es una advertencia. Morena quiere avanzar hacia un modelo autoritario debilitando contrapesos e instituciones, por eso desde Querétaro y desde Acción Nacional no vamos a ceder.

La democracia no se hereda ni se decreta: se defiende, todos los días.

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