En días recientes se habló mucho de Groenlandia debido al interés del presidente Trump en dicha isla y a que fue tema en el Foro Económico Mundial de Davos. Me parece interesante ver un poco la situación socioeconómica y política de la isla más grande del mundo para ver qué oportunidades de aprendizaje o colaboración podría tener nuestro país con tan lejano lugar del mundo.
Aun cuando las relaciones entre México y Groenlandia son limitadas debido a la distancia y a las diferencias en sus economías, me parece que existen oportunidades de negocio en sectores como la energía renovable, la pesca y el turismo, para lo que sólo se requerirían modelos de asociación y logística.
Groenlandia tiene un alto potencial hídrico, minerales, pesca dominante y un turismo en crecimiento; México tiene un alto potencial solar/eólico, viabilidad en la industria pesquera y un importante mercado turístico. ¿Por qué no pensar en cabría la posibilidad de intercambiar experiencias en gestión de recursos renovables, armar cadenas de valor pesquero y fortalecer el creciente turismo entre los dos países, aprovechando los atractivos naturales y culturales de ambos? De hecho, hay antecedentes de colaboración recíproca en la promoción del turismo sostenible y en el intercambio de conocimientos en este sector.
México puede aprender de Groenlandia en aspectos como: cambio climático y recursos naturales. Groenlandia enfrenta desafíos significativos como el deshielo polar y la pérdida de biodiversidad, debido al cambio climático. México podría aprender sobre estrategias para mitigar los efectos de dicho cambio y formas de adaptarse a las nuevas condiciones ambientales.
Por otra parte, Groenlandia alberga valiosos recursos naturales, como minerales y tierras raras cruciales para la transición energética. Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos cuya extracción y procesamiento son complejos y concentrados en pocos países, uno de ellos, Groenlandia.
Coincidentemente la semana pasada la presidenta Sheinbaum reconoció la creciente importancia global de las tierras raras y del litio -estratégico para el futuro del país- y, aunque admitió que México no figura entre los principales países con reservas probadas de litio y que su extracción es actualmente cara, “la generación de energías renovables o vehículos eléctricos requieren estos materiales”. Para ello, dijo que su gobierno ya realiza evaluaciones sobre su viabilidad y costo, a través de la atracción de capital privado y de incrementar la inversión pública. Ello representa una oportunidad para incrementar la relación con Groenlandia. Hay oportunidades reales para ampliar vínculos económicos y tecnológicos entre ambas naciones, especialmente en minerales estratégicos, energías renovables, pesca y cooperación científica, que requerirían alianzas con actores daneses/groenlandeses para mitigar riesgos geopolíticos y logísticos.
La relación entre México y Groenlandia es una de las más interesantes y poco exploradas en el ámbito de las relaciones internacionales. El problema es que, en México, al puro estilo 4T, la inversión pública se asigna privilegiando la política sobre la técnica y que la inversión privada enfrenta incertidumbre; la certeza jurídica sólo existe en el discurso presidencial, pero los potenciales inversionistas seguramente perciben un alto nivel de riesgo.