El próximo juego de la final de la NFL tendrá tintes políticos no vistos antes. Hay que recordar que hace muchos años, el actual presidente los Estados Unidos, Donald Trump, solicitó ser parte de la mesa de dueños, a través de la compra de los “Colts” de Baltimore, y después de experimentar con una liga alterna. Ese experimento se refiere a la USFL que fue una liga con duración de tres años (1983 a 1986) y quiso competir con la NFL. Ejerciendo su derecho de señalar prácticas monopólicas, la USFL ganó una demanda que tenía como fin último incorporar a nuevos equipos a la NFL, los dueños de la USFL, con tantas deudas, no pudieron seguir con la liga y tampoco los dueños de la NFL abrieron la posibilidad a varios equipos y a Trump, quien era el dueño de los New Jersery Generals, uno de esos equipos. Curiosamente a finales de los 90, la NFL tuvo una expansión y sumó a franquicias como Jacksonville y Carolina. Desde aquellos tiempos existen ciertos resentimientos entre el actual presidente y los dueños de la NFL.
Seguramente muchos periodistas hablarán de los simbolismos después del “Súper Domingo”. De entrada, la actuación de Bad Bunny ya es una afrenta a las acciones raciales de Trump, el músico hizo un discurso crítico en contra de ICE en la entrega de los Grammys. ¿Habrá o no aviones militares que crucen al momento del himno en el entendido que el presidente es el líder supremo de las fuerzas armadas. Los permitirá? ¿Quienes de los jugadores se expresarán en contra de los programas gubernamentales como ICE y otros? ¿Habrá consecuencias reales y de cambio después de las protestas? El partido será un escaparate importante porque además lo estarán viendo más de 3 mil millones de espectadores en todo el mundo. El partido estará muy bueno. Voy con los Halcones Marinos.