En su momento entendí que con la apertura para que la Copa del Mundo tuviera más equipos en una fase final, que es la que comienza en 7 días, la FIFA consideraba que el futbol tendría que dar oportunidad a que cada vez más jóvenes, niños, naciones, para que soñaran con estar en un Mundial, tanto como jugadores como aficionados, aún cuando el nivel futbolístico se viera afectado, pero estar en un torneo de este calibre, para cualquiera es el privilegio de sacar su mejor versión para brillar.
Sin embargo, la FIFA ha dado muestra de que muy pocos podrán disfrutar del evento. Los que vendían sus casas, sus autos (al menos en México) o su alma al diablo para estar en los partidos de su selección, se han manifestado ante la imposibilidad de hacer lo mismo en este mundial. Quizá habrán conseguido boletos para uno o dos partidos, pero de duelos de segunda fase, ni hablamos.
Hace unos días, el cineasta Alejandro González Iñárritu, dio una opinión que se me hace la más clara de lo que pasará con la Copa del Mundo, dijo “…el haber dispersado los partidos en tres países me parece una gran avaricia por parte de la mafia de la FIFA, cobró tres veces el Mundial; haber metido más equipos (…) el nivel va a bajar.
El costo de los boletos me parece una grosería. Mi padre que no tenía dinero, me invitó a ver el partido de Argentina contra Inglaterra (1986), la famosa mano de Maradona, le permitió llevarme”. Ya ni hablar de lo que la FIFA ha querido hacer con los dueños de palcos y plateas en el Estadio Azteca, con paquetes de esquilmos de más de un millón de pesos. El cineasta termina diciendo que le han quitado al mundo un gusto popular para verlo. Antes era un celebración recibir una Copa del Mundo y ahora hay una frustración enorme de gente que aunque podría obtener un boleto o dos, no se lo gastará. Nos han robado la Copa.