En 2012, México era ejemplo en América Latina en materia de vacunación infantil. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, más del 90 por ciento de nuestras niñas y niños estaban vacunados contra el sarampión. Hoy, esa cifra apenas alcanza el 63 por ciento y la diferencia no es un dato frío; es la distancia entre la protección y el riesgo, entre la prevención y la tragedia. Estamos viviendo el periodo de mayor alza de casos en décadas. La epidemia inició en febrero de 2025, pero más del 30 por ciento de los casos se han registrado apenas en lo que va de 2026.
No debemos olvidar que el sarampión no es una enfermedad menor; es altamente contagiosa, tan solo una persona enferma puede infectar entre 15 y 18 personas más y puede provocar la muerte de uno de cada 100 niños enfermos y dejar secuelas neurológicas graves e irreversibles. Lo más alarmante es que el 36.8 por ciento de los casos en México corresponde a menores de 10 años y uno de cada cuatro contagios afecta a niños menores de cinco años; hoy, uno de cada tres niños está en riesgo porque no está vacunado.
Lo más grave es que esta crisis era evitable, pero el Gobierno de Morena decidió que las vacunas no eran urgentes o importantes. Lo raro es que en 2019 gastaron más en este rubro que durante 2018, cuando se vacunaron más personas; en ese año, Morena recibió un país con una cobertura superior al 90 por ciento en vacunación infantil ¿Qué pasó? Pasó la improvisación, el desmantelamiento de programas, la falta de planeación y la negligencia de un Gobierno federal que decidió restarle prioridad a la prevención y se inventó una megafarmacia que solo existió para la foto y para desviar recursos. Hoy pretenden culpar al pasado, dejando la salud de nuestras niñas y niños como rehén de la incompetencia.
En Querétaro, cuidar la salud pública es cuidar a nuestras familias, Morena está jugando con la vida de las niñas y los niños de México, y debe asumir las consecuencias políticas y morales de esta epidemia; desde Acción Nacional, seguiremos exigiendo vacunación universal, campañas permanentes y coordinación real, porque cuidar Querétaro también es levantar la voz cuando se le falla a México.