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24 de marzo 2026

Mario Maraboto

En días pasados, un querido amigo me recordó cómo Santa Teresa de Ávila se refería a la imaginación descontrolada llamándola “la loca de la casa”. Para ella, la imaginación es como una persona indomable dentro de la mente que genera pensamientos descontrolados, distracciones y perturbaciones,

Esa loca puede influir significativamente en nuestra vida al desarrollar preocupación por eventos futuros, revivir frecuentemente el pasado y crear escenarios que llenan de ansiedad y estrés. Esta falta de control sobre la imaginación puede obstaculizar el crecimiento personal y afectar relaciones y decisiones.

La frase “la loca de la casa” es una metáfora que puede aplicar a cualquier persona para referirse a esa fuerza interior imprevisible que lo mismo puede impulsar creatividad y cambio que, si no se controla, generar contradicciones, riesgos y/o una percepción negativa como reacción a determinadas decisiones que afectan a otros.

La “Loca de la Casa” de la que habita en Palacio Nacional, la ha llevado a impulsar reformas que buscan resultados visibles de control para consolidar agenda. Pero cuando una idea de “la Loca” se acepta, así como así, sin someterla a una evaluación técnica o una negociación, se convierte en fuente de polarización y vulnerabilidad jurídica. Es el caso, por ejemplo, del famoso Plan B, producto, seguramente, de “la loca de la casa” que propone reducir regidurías y congresos locales, recortar presupuestos a órganos legislativos locales, limitar sueldos de funcionarios y dirigentes partidistas, ajustar el calendario de revocación de mandato y realizar una “mega-elección” en 2027, que sólo creará confusión en los votantes y ganancia para el gobierno.

Al parecer, esa “loca” no reflexionó que recortar presupuestos a congresos locales y regidurías probablemente generará protestas de los gobernadores (incluso de Morena) por la desfinanciación y pérdida de autonomía; que limitar sueldos por una supuesta austeridad generará litigios laborales, fuga de talentos y resistencia política; que juntar elecciones (diputados, gobernadores, poder judicial y revocación de mandato -no solicitada por el pueblo sino por el propio gobierno en violación a la Constitución-) generará complejidad logística, confusión en el votante, mayor costo operativo y, posiblemente, desaliente la participación ciudadana como sucedió en la elección de los acordeones en la que sólo votó el 9 por ciento del padrón.

La metáfora de la loca de la casa de la del Palacio Nacional se proyecta con acciones de “innovación” sin riesgos calculados y decisiones apresuradas sin análisis previos; el caso del llamado “Plan B” es un ejemplo reciente de iniciativa política que puede verse así. Una “loca” bien encauzada puede ser vista como valiente, mal encauzada como errática, producto de la ambición creativa.

Como imaginación política, la loca representa la capacidad de proponer ideas no convencionales o reformas audaces en bien de la sociedad; como deseo, encarna ambiciones personales o colectivas que empujan la agenda, y como riesgo proyecta discursos, gestos o decisiones que parecen desalineados con la realidad institucional y generan críticas. ¿Cuál será la loca de la casa que interviene en el gobierno de México?

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