Muchos comentarán que es una combinación que no tiene sazón. Ahora bien, la realidad es que tiene más sentido que nunca este maridaje. No podemos ignorar que existe una depreciación del arte, la cultura y la expresión dado que los apoyos son limitados y el mercado no ofrece un panorama alentador para quienes se dedican a este rubro.
A la par, los derechos humanos juegan un papel importante dado que, en ocasiones, se invisibiliza lo que tienen que decir los grupos de atención prioritaria, por ejemplo, las personas privadas su libertad, quienes han pintado obras de excelencia y se conoce su trabajo en lo más mínimo. Recordemos el caso de David Alfaro Siqueiros quien fue recluido en prisión y pagó la representación legal del destacado abogado penalista, Juan Velásquez, mediante una pintura.
Asimismo, se deben de procurar los espacios culturales que ofrezcan un tributo, reflexión y exposición de asuntos relacionados a la dignidad humana desde el punto de vista mexicano. En otras palabras, lugares como el Museo de Memoria y Tolerancia, evidencian crímenes internacionales, sin embargo, ¿qué sucede en nuestro país?
Lo interesante, estimada o estimado lector, es que la experiencia nos dice que las graves violaciones a derechos humanos se olvidan en un 2 x 3 en México. En conclusión, la apuesta está en promover las ideas artísticas con una mirada de inclusión y realismo.