“Carla, estoy terrible de achacado… sé que hoy cumplimos 26 años y no te compré regalo”. Hay historias que explican mejor a un equipo que cualquier pizarrón. Esteban “El Chino” González, con la cabeza en Toluca pero el corazón en casa, le escribió a la mujer que lo ha acompañado toda su carrera. Del otro lado no hubo reproche, hubo una respuesta hermosa: “No te preocupís… mi regalo es que le ganen al Toluca”. Y Gallos cumplió. Le pegó al bicampeón, le quitó el invicto y volvió a prender a Querétaro. Ese fue el regalo prometido.
Lo de ayer, martes, ante Juárez en La Corregidora, ya era un extra. Y Gallos lo estaba haciendo. Metía, luchaba, resistía y encontró el 1-0 que hizo pensar que la noche estaba amarrada. Parecía triunfo. Parecía desahogo. Pero entonces el silbato empezó a inclinar la cancha. El árbitro decidió agregar once minutos y la sensación fue clarísima: parecía que la consigna era que Juárez empatara como fuera. Y lo consiguió. Penal al 98, gol y silbatazo final antes de cumplirse siquiera el tiempo añadido. Así no se habla solo de futbol. Así se habla de un despojo total. El regalo sí llegó el sábado. Lo de ayer era un extra que le arrebataron al Gallo y nos deja insatisfechos. Porque más allá del empate, dolió ver que una noche que era de Querétaro se ensució por completo. ¡Dale Gallos!