@chekograjeda
Después de tres años, cinco meses y 25 días de espera desde aquella final de Catar 2022, mañana vuelve a rodar el balón en una Copa del Mundo. Parece increíble, pero ya estamos aquí. El mundial regresa y, esta vez, vuelve a casa.
Durante todo este tiempo, hablamos de eliminatorias, sorteos, estadios, convocatorias y pronósticos. Mañana, todo eso queda atrás. Llegan los himnos, los nervios, las reuniones familiares, las cábalas y esa sensación única que solo provoca el torneo más importante del planeta.
Para México, no es un mundial cualquiera. Es nuestro mundial. El que veremos en nuestros mejores estadios y en nuestras calles. El que nuestros hijos recordarán durante toda su vida.
Por eso, vale la pena ilusionarse.
Ya sé que aparecerán quienes expliquen por qué no se puede. Que si los favoritos son otros. Que si la generación no alcanza. Que si el camino es demasiado complicado. Pero los mundiales también se juegan con emociones y nadie puede prohibirnos soñar.
Durante décadas hablamos del famoso quinto partido. Hoy, con un mundial de 48 selecciones, el reto cambió. Ahora, el sueño tiene otro nombre: el sexto partido. La semifinal. Ese sitio al que México busca llegar desde hace generaciones.
¿Difícil? Claro. ¿Imposible? No. Si algo nos ha enseñado el futbol es que los sueños no se calculan en estadísticas. Mañana comienza la fiesta más grande del deporte. Millones de personas volverán a creer que todo puede pasar y la verdad: después de tres años, cinco meses y 25 días de espera, ya era hora. Que ruede el balón. ¡Dale, México!