En su libro “Estados de Negación: Ensayo sobre atrocidades y sufrimiento”, Stanley Cohen habla de que los Estados modernos aplican el negacionismo burocrático de atrocidades masivas mediante tres niveles de negación:
La negación literal: cuando afirman que la atrocidad “No está pasando”.
La negación interpretativa: cuando salen con que la atrocidad “no es lo que dicen” o “no es como se dice”.
La negación justificatoria: cuando la atrocidad pasa de ser un problema a algo “necesario”.
Lo que ha hecho Roberto Velasco, nuevo Secretario de Relaciones Exteriores es jugar la carta interpretativa, pues reconoce “dolorosos casos” pero los reinterpreta como “delitos del crimen organizado” sin aquiescencia estatal, acusando al CED de EXTRALIMITARSE y “falta de rigor”.
Que decepcionante debe ser que tu carrera como Canciller arranque repitiendo el patrón de negacionismo burocrático que usaron tanto la dictadura argentina como la chilena, y que hoy, también usan países como Siria y Sri Lanka.
Los reiterados intentos de negar la realidad de la crisis de desapariciones en México, lo único que han provocado, es una erosión de la accountability horizontal entre instituciones y de la accountability vertical con la sociedad civil, colectivos y las familias de las víctimas.
En México está probado, que a la fecha, las organizaciones, colectivos y madres buscadoras no están acompañadas por el Estado, enfrentan estigmatización, amenazas, impunidad y sordera institucional, y eso es parte fundamental del informe del CED de la ONU: ya que constituye AQUIESCENCIA ESTATAL.
Con esto entendido, nos vamos a lo que dice el Art. 2 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas ratificada por México, donde define a la desaparición forzada como la privación de la libertad por obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la AQUIESCENCIA del Estado, seguida de una NEGATIVA A RECONOCERLA o pero aún, un ocultamiento.
El CED de la ONU ha documentado que una crisis con 132,400 y 72,000 cuerpos en SEMEFOS sin identificar no puede darse sin la complicidad por omisión o colusión del Estado en todos sus niveles.
El seguir negando la crisis por cuestiones política y el querer desviar la conversación para centrarla en hablar de las limitantes, funciones o incluso el nivel de los expertos del Comité contra la desaparición forzada de la ONU, es un síntoma inequívoco de lo que el Dr. Guillermo O’Donnell llamaba Democracia Delegativa; consistente en un régimen que actúa con discrecionalidad casi irrestricta, rechazando todos los contrapesos, nacionales o internacionales (como lo es en este caso el CED) para elegirse como el único custodio de la “VERDAD”, y donde da igual que esta “VERDAD” realmente lo sea. DATOS, no relatos.