El día de hoy se celebra el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, conmemoración instaurada en 1982 y que nos invita a reflexionar sobre la importancia que estos tienen en distintos lugares del mundo, pero sobre todo sobre el deber de cuidarlos, conservarlos y transmitirlos de la mejor manera a las generaciones venideras.
El concepto de monumento no debe limitarse únicamente a las edificaciones conmemorativas o funerarias, sino que abarca todo aquello que ha dejado huella en la historia y constituye un vestigio para la humanidad y para la civilización.
En el caso específico de nuestra ciudad, la zona denominada como Centro Histórico cuenta con un decreto expedido el 3 de diciembre de 1986, mediante el cual se creó la Zona de Monumentos Históricos de San Juan del Río, Querétaro. Este decreto protege poco más de 334 edificaciones que datan del siglo XVII al siglo XIX y que representan el vestigio más importante de la historia de nuestra ciudad, y también de México.
Dicho decreto permitió que, en el año 2010, la UNESCO declarara una zona como Patrimonio de la Humanidad, a partir de la existencia del Camino Real de Tierra Adentro y de todo lo que este implica a lo largo de la historia, incluido el desarrollo mismo de la ciudad.
Muchos son los monumentos de los que debemos sentirnos orgullosos: templos, casonas, edificios públicos, fuentes, columnas, puentes y otros espacios que constituyen el orgullo de San Juan del Río y la herencia que hemos recibido de nuestros mayores.
Caminar por las calles de la ciudad nos invita a conocer cada uno de estos lugares, su historia y su desarrollo; pero, en muchos casos, también nos obliga a comprender el presente que vivimos y a vislumbrar el futuro de la casa común de los sanjuanenses.
Nuestra obligación es, a la vez, compleja y sencilla: conservar lo que tenemos y transmitirlo a los hijos de nuestros hijos, para que conozcan la importancia de nuestra querida ciudad y comprendan también lo relevante que es para la República Mexicana.
Ser Patrimonio de la Humanidad es un orgullo. Hagamos de ese orgullo una forma de vida y de desarrollo que permita que San Juan del Río sea la ciudad virreinal y contemporánea que todos anhelamos.