Dr. Mauricio González López/Profesor – Investigador
Escuela de Psicología
Universidad Anáhuac Querétaro
Cada año, los padres se enfrentan a un periodo que, de ser abordado de manera adecuada, puede potenciar el desarrollo físico y mental de sus pequeños: las vacaciones. Sin embargo, también puede suceder lo contrario si los padres no toman en cuenta algunas consideraciones importantes.
Las vacaciones largas suelen asociarse con más sedentarismo, más acceso a pantallas y peor salud conductual que en los días escolares. Lo anterior está asociado, sobre todo, a la pérdida de la estructura en la rutina. De acuerdo con investigaciones, los cursos de verano pueden tener un efecto positivo sobre el desarrollo de los niños pues incrementan la actividad física. Es importante mantener una rutina diaria consistente, con horarios de sueño, de comidas y bloques de actividad para proteger los hábitos más saludables.
Además, priorizar programas estructurados o días planificados ofrece supervisión, conexión social y oportunidades de enriquecimiento. Un factor importante es limitar el acceso a pantallas, como televisores, celulares y tablets, para lograr un efecto benéfico indirecto sobre el sueño y el bienestar mental. La investigación científica ha mostrado que hay cuatro tipos de actividades que tienen un gran valor para el desarrollo y que pueden programarse en los bloques de actividad: 1) juego libre, 2) lectura, 3) actividad física y 4) experiencias nuevas compartidas con los adultos.
En resumen, potenciar el desarrollo de los niños durante las vacaciones depende menos de “llenar” el tiempo con tareas y permitirles pasar el rato con pantallas y más de ofrecer días estructurados, juego activo, lectura compartida, contacto social y acceso equitativo a experiencias enriquecedoras.