El autismo o trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que se manifiesta típicamente en la infancia con dificultades en la comunicación social, patrones de comportamiento repetitivos o restringidos, hipersensibilidad sensorial y retos en la interacción.
A nivel mundial, se calcula que aproximadamente 1 de cada 100 niños está dentro del espectro.
La aparición de herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) abre una ventana de oportunidades: detección más temprana, personalización de terapias, monitoreo continuo, asistentes de comunicación adaptados.
Un estudio reciente explicó que la IA‑asistida puede analizar dinámicas de comportamiento, voz, mirada y datos fisiológicos para identificar indicios de TEA. Pero no todo es positivo.
La integración de IA en este ámbito plantea desafíos esenciales: sesgos en algoritmos, falta de representatividad de datos (lo que puede resultar en diagnósticos equivocados o tardíos), cuestiones éticas sobre privacidad y consentimiento, además del riesgo de que la tecnología sustituya el elemento humano indispensable en la atención del TEA.
Debemos estar alertas a señales tempranas de alerta en niños: retraso o ausencia en el saludo o uso del nombre, falta de contacto visual, no responder a su nombre, repetir palabras o frases (ecolalia), hipersensibilidad al ruido, actividades muy estereotipadas, y patrones de juego no funcionales. Cuanto antes se detecte, mejor será la intervención.