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22 de febrero 2022

La narrativa de este Gobierno no se está rompiendo por una Casa Gris o porque haya tráfico de influencias en el Gobierno

Roberto Mendoza

 

¿El presidente y su Gobierno están sufriendo un ataque que de alguna forma va a destruirlos, incluso matarlos y de paso aniquilar al país? O ¿el presidente está cayendo en una espiral paranoide donde algunos miembros de su gabinete, asesores y aplaudidores lo han convencido de que hay oscuras conspiraciones, que hacen que el presidente se distraiga de su tarea principal?

Casi desde el principio de su Gobierno, algunos ‘asesores’ del presidente introdujeron la idea de un ‘golpe de Estado blando’, una paranoia que sataniza cualquier crítica al Gobierno proveniente de los medios de comunicación y que, asegura, es el primer paso a una revuelta que terminará con la renuncia del presidente. Un golpe de Estado es una situación límite, cuya principal característica es la sorpresa y la fuerza; si se plantea la idea de que hay un evento que se da a través del tiempo, forzosamente tendrá que haber, en el proceso, un cambio en lo que se llamó alguna vez humor social. Si así fuera, la principal tesis del presidente, que asegura que el pueblo es mucha pieza y que es una falta de respeto tratar de engañarlo, se cae; porque la principal tesis de esta cruzada es que los ciudadanos, nosotros, somos menores de edad, incapaces de entender lo que está sucediendo y actuamos como unos zombis que corren al menor ruido para destruir.

El presidente escucha a actores muy cercanos que creen que con alguna investigación periodística, con una denuncia sobre algún acto administrativo, la revelación de una corrupción o de un conflicto de interés, se refuerza su fantasía y se hace realidad su pulsión paranoide. Son ellos los que han dicho que los papás que tienen un niño con cáncer son unos golpistas, los que ven a empresas españolas como encarnaciones de Hernán Cortés, los que ya ven a los americanos desembarcando en Veracruz, son los que alimentan de odio al presidente, los que le señalan que hay que hacer algo…y el presidente lo hace, llama a poner en ‘pausa’ la relación con España y ve oscuras conspiraciones estadounidenses en  contra de México. Son ellos los que le hacen llegar de manera ‘anónima’ la información privada sobre un periodista y lo alientan a cometer actos autoritarios, a romper la ley.

La narrativa de este Gobierno no se está rompiendo por una Casa Gris o porque haya tráfico de influencias en el Gobierno, tampoco porque todos sepamos que hay funcionarios corruptos, o porque no se acabarán en tiempo y forma las grandes obras del presidente; no es por eso. No nos pega tanto que en el Gobierno estos políticos hagan lo que ya hicieron otros en sexenios anteriores, aunque se repita una y otra vez que no son iguales; sí son incluso peores porque niegan lo que es evidente. Pero eso, no es lo que más pesa.

Lástima que haya tanta inseguridad, que nuestros hijos no puedan salir a divertirse de noche. Aflige que nuestras esposas, hijas, madres y compañeras de trabajo estén en constante peligro. Angustia que, cuando vayamos al mercado, los precios nos sorprendan, que hoy ya no podamos comprar lo que ayer todavía podíamos. Nos dolió sobremanera perder un familiar en esta pandemia y que nadie, en el Gobierno, nos tendió una mano, que este Gobierno use más la saliva que la cabeza.

La narrativa en contra del Gobierno está saliendo de las entrañas del mismo, las malas noticias para la 4T las da el propio presidente en la mañanera. Este Gobierno entre más aprieta, como arena entre los dedos, se le escapa el poder. No hay un ‘golpe de Estado blando’, sino una Revolución de las Conciencias, el despertar de un sueño que se convirtió en una pesadilla. A esto, nadie le pone pausa.

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