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1 de marzo 2022

La mentira NO DEBERÍA ser una herramienta de comunicación

Mario Maraboto

 

Vivimos en una época en la que la mentira alcanza una dimensión pública que se amplía y magnifica a través de las redes sociales y, en tanto se aclara si una información es verdadera o falsa, mientras más se reproduce más afecta tanto a quien la emite como a quien la cree.

Un producto es milagroso más por su publicidad que por sus efectos, lo mismo que un político es honesto debido a la propaganda y a sus reiteradas expresiones en ese sentido. Generalmente, el producto milagro no logra todos los efectos prometidos y el político es honesto en tanto no se descubran y le exhiban riquezas de dudosa procedencia o negocios fraudulentos de él, su familia o  sus más cercanos amigos.

La mentira se da en diferentes formas consciente o inconscientemente (por desconocimiento) y puede ser que quien la expresa lo hace porque está convencido de que no se trata de una mentira o lo hace deliberadamente para alcanzar algún objetivo de beneficio personal. Por ejemplo, si el consejo de administración de una empresa detecta que alguno de los directivos de alto nivel oculta información sensible o manipula datos para su beneficio, la decisión es el despido inmediato, pero, para darle una ‘honrosa salida’, seguramente se incurrirá en una mentira: “renunció para aceptar una oportunidad”, “tendrá un cargo de consultoría de manera externa” o algo por el estilo.

El axioma de la mentira se enfrenta a una realidad: convencer a las audiencias, en un mundo globalizado y competitivo, de los beneficios reales o supuestos de un producto, de las operaciones honestas de una institución o del valor ético y profesional de una persona.

Hasta hace no mucho tiempo, cuando el Gobierno anunciaba que no se incrementaría el precio de la gasolina o de algún otro bien, era señal de que sucedería todo lo contrario. Todavía al inicio del actual Gobierno, el presidente estableció el compromiso no solo de que no se incrementaría el precio de la gasolina, sino que se reduciría, y recientemente aún asevera que dicho combustible no ha incrementado su precio. ¿Verdad o mentira?

En días pasados se supo que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró que el dinero de un cheque por 2 mil 119 millones de pesos –entregado al presidente de la República el 20 de febrero de 2020 para pagar los premios de la rifa del avión presidencial– fue devuelto con intereses al Infonavit (a quien le pertenecía) el 13 de abril de 2021, luego de que el dinero se invirtió en distintos instrumentos financieros. Luego de ello, el presidente aclaró: “Se demostró que no era el procedimiento legal correcto y que había que entregar ese dinero al Infonavit y se acordó que ese dinero se utilizara para entregar créditos a familias pobres que pudieran tener sus viviendas. […] En el caso de la rifa del avión, ya no fue necesario porque se vendieron la mayor parte de los boletos y se entregaron todos los premios”. ¿Verdad o mentira?

¿Ha mentido el presidente o ha dicho verdades a medias? Lamentablemente, la forma con la que se ha manipulado la información por parte del Gobierno en prácticamente todo el periodo de gestión del actual presidente, sin abrir públicamente sus “otros datos”, pone en duda su credibilidad, especialmente entre quienes no están con él y hasta en muchos de sus seguidores.

La mentira NO DEBERÍA ser una herramienta de comunicación, pero la realidad es que forma parte del comportamiento humano y se recurre a ella para lograr satisfacciones o metas personales sin importar la afectación que se genere en otras personas. Especialmente tratándose de un Gobierno, siempre está la duda de si se habla con la verdad.

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