El pasado 18 de abril, la presidenta Sheinbaum acudió a la llamada “Cumbre en Defensa de la Democracia”, justo días antes de que los congresistas de la transformación de cuarta pusieran el último clavo al ataúd de lo que quedaba de democracia en nuestro país. En semejante incongruencia, Sheinbaum propuso apoyar a Cuba, en donde la democracia dejó de existir desde 1952.
En su turno, la presidenta del “país más democrático del mundo, pésele a quien le pese” emitió un mensaje, más parecido a una clase de Historia de México que a una ponencia presidencial, que revela algunas incongruencias más.
Recurrió a un muy sobado indigenismo demagógico, identificándose con algunas deidades, digamos, de dudosa reputación con los que parece identificarse: “Vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli y de Coatlicue”.
Conforme el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, Tlaloc “no sólo da vida… también puede desatar tormentas, inundaciones y castigos”, podía enviar bendiciones pero también el desastre y la muerte. Según el INAH, Huitziloposchtli, hijo de Coatlicue, es el dios de la guerra y era importante por “la guerra y el tributo como parte del sustento económico”; su figura estaba asociada al poder militar, al sacrificio y a la expansión territorial (igual que en la transformación de cuarta).
Dijo: “Vengo con la dignidad de Josefa Ortiz Téllez-Girón, que nos recordó: que, no debe premiarse a quien sirve a la patria, sino castigar a quien se sirve de ella.” Doña Josefa, desinteresadamente se ganó la simpatía de indios y mestizos con obras de caridad a favor de los pobres, los desvalidos, las viudas y los huérfanos, no con el interés de ganar votos y tenerlos como estrategia política (AMLO dixit); por otro lado hay personajes pasados y presentes que no han recibido merecido castigo por servirse de la patria.
Hacia el fin de su intervención expresó lo que más bien parecen pendientes de la transformación de cuarta: “… la libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos”, pero en este régimen no hay ni justicia social ni dignidad para los pueblos, y la soberanía se “defiende” ante otros países, pero no ante la cada vez más dominante delincuencia. Expresó: “En vez de sembrar guerra, sembremos paz…”, justo cuando cada día, en promedio 78 personas son asesinadas diariamente en México.
También dijo que “el fin último de los gobiernos es la procuración de la felicidad de sus pueblos”. El articulo 1º. de nuestra Constitución define que “el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley.” Es decir, buscar el bien común y la protección de los derechos humanos, regular la vida social y política, y establecer un marco legal que asegure la justicia y la estabilidad del Estado, todo lo cual sería el fin último de un gobierno.
Para cumplir con la Constitución, el régimen tendría que dejar atrás la ideología que nos ha dividido y ha fomentado el odio, y sancionar las violaciones a los derechos humanos, especialmente provenientes del propio régimen y sus aliados.