Ucrania no tiene ninguna oportunidad de vencer a Rusia. Sus esperanzas de mantener su independencia yacen fuera de sus fronteras. Militar, poblacional, tecnológica y económicamente es un país que no puede competir con su gigante vecino agresor.
La invasión a Ucrania tiene como propósito arrebatarle las provincias que conforman la región del Dombás, de mayoría rusa, pero ucranianas, como ocurrió con Crimea; pero también imponer un Gobierno títere de Moscú y evitar que el país se una a la Unión Europea y a la OTAN.
Esto, por desgracia, ocurrirá a menos que Europa y los países americanos de la OTAN (Canadá y Estados Unidos) emprendan medidas insoportables para Putin, en varios frentes, algo que no se está contemplando.
Lo que vemos es que la ayuda militar ofrecida por varios países europeos es mínima, apenas para prolongar un poco más la defensa. Para que esta fuera más determinante, se requería que armas mucho más sofisticadas, como los drones kamikaze, fluyeran en enormes cantidades. Hay que recordar que Azerbaiyán derrotó en su última guerra a Armenia gracias a estos dispositivos. Ucrania no ganaría la guerra, pero obligaría a Putin a ceder en sus pretensiones.
Está muy bien expulsar a Rusia del sistema Swift y congelar sus activos, pero ahora Suecia y Finlandia deben tomar la decisión de unirse a la OTAN, para presionar al gigante eurasiático y asegurar su defensa. De ninguna manera, Europa debe ceder a las amenazas rusas, porque entonces la amenaza contra ellos se cernirá pronto.
La estrategia militar rusa descansa en su enorme superioridad, pero hemos visto debilidades que los estrategas occidentales analizan con lupa: poco espíritu y moral baja en algunos sectores, despliegues lineales aprovechando los caminos que les han dejado vulnerables a contrataques y un avance más bien lento. Con el poder ruso, esto aparece inexplicable.
Falta mucho por ver, pero los costos de una guerra de una semana son ya terribles en destrucción, en refugiados y en la caza del Gobierno de Ucrania, encabezado por el héroe presidente Volodímir Zelenski.
Ucrania está prácticamente sola y esa es su tragedia. Las medidas para disuadir al agresor hasta el momento no son determinantes ni le han apartado de su meta.