Hablar es algo que hemos hecho toda la vida, se ha vuelto un acto tan cotidiano que pocas veces ponemos atención en qué decimos (o que no decimos) y cómo lo decimos. La falta de mensajes claros afectan el desarrollo personal y profesional de individuos y organizaciones.
Hablar no es comunicar. Para comunicarnos debemos callar el ruido interno, mirar a los ojos y concentrarnos en el momento.
En la actualidad todo sucede muy de prisa y es mucho lo que cada persona debe procesar. En el esfuerzo de hacerlo, tenemos un constante ruido interno que en ocasiones no nos deja pensar con claridad; y al emitir un mensaje expresamos lo primero que nos viene a la mente, muchas veces con una importante interferencia,
Por otro lado, la tecnología nos acerca a la información y nos aleja de las personas. En el afán de estar enterados de todo que sucede en el momento, nuestros ojos se enfocan, la mayoría del tiempo, en una pantalla y no en los ojos del otro; aún cuando estamos juntos.
Finalmente dentro de la vida acelerada que llevamos, pocas veces o nunca hacemos una pausa para concentrarnos en el momento y en la persona con quien estamos platicando.
Para lograr una comunicación que nos permita interactuar efectivamente; es importante callar el ruido interno para enfocarnos en el mensaje, ver a los ojos a los demás para medir el impacto de nuestra comunicación, y hacer una pausa y darle importancia al momento para realmente conectar con el otro.