La descarbonización urbana es el proceso de eliminar progresivamente las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero de todos los sistemas que mantienen viva una ciudad.
Se trata de rediseñar cómo producimos y consumimos energía: la energía embebida — el carbono contenido en los materiales de construcción y en los suelos que usamos, pensando en rehabilitar antes que demoler, a elegir materiales de baja huella y a no desarrollar en suelo fértil; la energía operacional — la que consumen edificios y otros espacios urbanos, reducible escogiendo materialidad sostenible, orientación solar y electrificación renovable; y la energía de transporte — la que genera la separación espacial de usos, que solo se resuelve con densidad, mezcla de usos y movilidad no motorizada.
Querétaro crece a una velocidad que no perdona errores. Cada año sellamos más suelo fértil bajo concreto, extendemos la mancha urbana hacia ecosistemas que aún respiran, y construimos edificios que consumirán energía durante cincuenta años sin preguntarnos si eso tiene sentido.
Tenemos un Plan de Acción Climática. Tenemos discursos de ciudades sostenibles. Pero seguimos aprobando fraccionamientos sin transporte público, centros comerciales con estacionamientos del tamaño de parques, y vivienda sin seguir códigos de eficiencia energética.
La pregunta no es si podemos descarbonizar Querétaro. La pregunta es si tenemos el civismo de hacernos cargo.
*Directora de División de la Escuela de Arquitectura Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.