Consultar a la ciudadanía siempre será una decisión positiva para fortalecer la democracia; los porqués, cómo y cuándo siempre estarán en el foco del debate y sembrarán dudas en un clima de polaridad política.
El ejercicio de revocación de ayer, con independencia de si se está o no de acuerdo, sin duda representa un momento histórico para México por ser la primera vez que se pone a consideración la continuidad de un gobernante que fue electo por el voto popular.
El fondo es positivo, la forma muy viciada. Lo que surge de ello es la pregunta ¿y después qué?
Como ha ocurrido en lo que va del sexenio, Andrés Manuel López Obrador permanece como el protagonista de la escena política nacional como, parece ser, no había pasado antes.
Él es quien dicta agenda y entre críticas y aplausos está logrando su objetivo: ser un presidente histórico, con todo lo que eso significa.
Del otro lado, la oposición que –desde su lógica– llamó a no participar pese a tener la oportunidad de destituir a quien dicen le hace daño al país; la realidad es que en la derecha tampoco hay demasiada esperanza de que las cosas puedan ser mejores, ni siquiera diferentes. Los siguientes días dictarán las lecciones que deja esta figura de participación ciudadana que, eso sí, está consagrada en la Constitución.
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