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12 de julio 2022

Roberto Mendoza

El caso del adolescente Juan, un joven de origen indígena quemado por sus compañeros ha puesto en un espejo a la sociedad queretana. Ya todos sabemos lo que pasó, sus compañeros lo quemaron, no lo querían matar, querían darle una lección, demostrar que están por encima de un joven que tiene un origen humilde, que habla mal español, que es diferente, que se puede agredir y que no pasa nada.

La Telesecundaria donde fue agredido, está enclavada en una de las zonas más pobres de la capital, hace unos años, no había agua potable, la gente se surtía con tambos que llenaba con pipas; al mismo tiempo, convive junto a los complejos más sofisticados de Querétaro, a unos metros está Antea uno de los centros comerciales de mayor prestigio, muy cerca el centro deportivo La Loma, el colegio Nuevo Continente, la Escuela John F. Kennedy. A escasos metros el lujoso fraccionamiento Torre de Piedra.

Hemos volteado a esta Telesecundaria por el caso de este abuso que requirió hospitalización, pero ahí hay más problemas, casos de abuso sexual en contra de tres jóvenes y un caso conocido, de portación de armas, más que suficiente como para poner atención. Hace tan solo unos días, en mayo, la diputada Ana Paola López Birlain, del PAN, encabezaba un evento para prevenir la violencia y el acoso escolar, ella es la presidenta de la comisión de Educación y Cultura del Congreso Queretano ¿Está haciendo algo para buscar prevenir este fenómeno? ¿Los morenistas Yasmin Albellan de Asuntos Indígenas o Christian Orihuela de Juventud y Deporte? ¿Les toca a ellos, les interesa? ¿Le importa a alguien?

¿Cuál fue la primera reacción de la maestra y de la directiva de la escuela en este caso? La corrupción, intentaron convencer por medio de dinero y amenazas a la mamá de Juan; además, para evitar el escándalo y agravar el problema médico de la víctima, su maestra, que atendía, en ese momento, uno de los casos de abuso sexual, prefirió llevar al joven agredido a una clínica para que le pusieran algún remedio que a un hospital donde sabía que le harían exámenes al joven y preguntas a ella que no sabría cómo responder, porque simplemente no estaba atenta a lo que pasaba. La solución de la dirección escolar fue cerrar la escuela, aun si los otros alumnos no reciben clases, porque es mejor ocultar todo, hacer como que no pasa nada, apostar al olvido.

Los jóvenes de 13 años que agredieron a Juan son, sin duda, culpables. Pero no podemos quedarnos tranquilos pensando que ellos paguen su falta de empatía, prudencia y tendencia violenta. Tampoco podemos echarle la culpa a la televisión, el cine o los videojuegos ¿Qué nos está pasando como sociedad? Son los papás de estos niños y de otros más, los queretanos, el país entero, los que tendríamos que hacer una revisión de cómo estamos educando a nuestros hijos, qué valores les estamos inculcando, enseñarles que, si comenten un delito, sí hay consecuencias, que la impunidad no puede ser la marca de nuestra sociedad.

También las autoridades escolares podrían pensar si las soluciones que proponen son las adecuadas, esconder los problemas no terminan con ellos, hay que exponerlos, explicar que las cosas que hacen daño no pueden tolerarse, educar es también poner límites, inculcar que no se debe transgredir el orden, que no se debe ejercer la violencia. Ya lo vivimos hace muy poco en el estadio de La Corregidora, este es otro aviso de que es necesario repensar qué estamos haciendo. Es tarea de todos, no sólo escandalizarse sino ayudar y saber que sí se puede hacer un cambio para un mejor Querétaro y que desde nuestro estado, se puede pensar en un mejor México.

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