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2 de agosto 2022

Roberto Mendoza

La mañanera tuvo su origen en la idea de hacer una competencia efectiva a la presidencia de Vicente Fox y a un supuesto “cerco informativo” que había en los medios de comunicación, este bloqueo nunca fue cierto pues desde la primera conferencia de prensa de AMLO en mayo de 2001 hubo más de 50 medios en esas conferencias. Estas mañaneras incluso eran hasta los domingos y al principio forzaron al propio gobierno de Fox a implementar algunas conferencias matutinas, las cuales terminó dando el vocero de la presidencia y fueron un desastre.

En el triunfo del 2018 la lógica de comunicación indicaba regresar a estas conferencias, así el gobierno podría definir la agenda informativa. Luego de más de 900 mañaneras estas conferencias se han desgastado, la mayoría de las veces este programa pierde la razón y el sentido de conferencia. Oficialmente no hay un productor de las mañaneras, porque no es un show, es una conferencia, por lo tanto los elementos de producción como los videos y los gráficos se improvisan, las supuestas secciones, como las de “quién es quién” tienden a ser ridículas pues no tienen valores de una producción, no se tiene un guion sino se basan en ocurrencias y cuando hay algún momento musical grabado o en vivo, no se puede disfrutar, no hay una preparación para el lucimiento del artista, ni se piensa en la mejor selección de la música, todo es un caos, es casi normal que cada espectáculo presentado sea olvidable.

La más terrible consecuencia de estas mañaneras es la desmitificación y banalización de las palabras, actos y acusaciones del presidente. Nunca ha tenido sentido las comparaciones entre “conservadores y liberales” que plantea el presidente, pues en México ya no existen, desde hace más de 100 años miembros de estas élites, las nuevas, el presidente no sabe cómo nombrarlas. Tampoco los diputados o los empresarios son “traidores a la patria”, pero esta acusación, de suyo muy grave, una de las pocas causales de muerte en la Constitución; el presidente, el gabinete, los dirigentes de morena y sus militantes y simpatizantes la ha usado con ligereza, se presta a burlas y memes y la consecuencia es que, como cualquiera puede ser acusado de esto, se perdió su importancia jurídica.

Lo mismo está pasando con la figura presidencial, los priistas y hasta los panistas trataron de resguardar el misticismo del cargo y del uso del Himno Nacional, pero el presidente López Obrador en un afán estrafalario, cada que puede, busca que se le rinda honor a la “investidura presidencial”, se toca y canta el himno nacional para glorificar al presidente, lo que termina por surtir un efecto contrario, pues no todos estamos de acuerdo en esto. Y por lo mismo, nadie toma en serio estos honores.

Poco a poco se pierde el respeto a la investidura, el principal culpable es el presidente, para pedir respeto hay que ser muy serio, considerado y decoroso, el señor López Obrador es el primero en poner apodos, burlarse, cambiar el sentido de los nombres y satanizar a quienes llama sus adversarios, la consecuencia es que con esta actitud ha dado pie a burlas, memes, canciones, frases, pintas de sus burlas y generado la contestación, en sentido adverso y diverso a las mismas. Perder el respeto en una sociedad es una situación delicada y el presidente no solo lo ha hecho sino fomentado.

Lo que comienza como una broma, se convierte en una molestia y luego en un conflicto, trance en el que ya estamos, el presidente como primer protagonista de nuestra sociedad ha dado permiso, queriendo o no, a la grosería, la banalización y el desgaste de muchos de nuestros valores, al final eso genera violencia y corrupción, se pierde el objetivo principal: Dar ejemplo de buen gobierno.

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