Esta semana se definió por una lucha política sobre la que se podría fundamentar parte de nuestro futuro ¿Vamos a una militarización de la vida pública? Yo creo que no, pero estamos en la antesala de una nueva definición del ejército, las policías, una fuerza que no se ha podido consolidar llamada Guardia Nacional y el crimen.
El cambio de una palabra en el artículo quinto transitorio del Decreto de Reforma Constitucional en materia de Guardia Nacional, de cinco por nueve; que serían los años en que “el presidente de la República podrá disponer de la Fuerza Armada permanente en tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria,” es el centro del debate ¿Cuál fue el problema que enfrentó este cambio en la Cámara de Diputados? Que no fue consensado con todos los grupos que conformaban la coalición “Va por México” y fue presentado de manera unilateral sólo por uno, lo que de facto rompió la cohesión de esa alianza.
En el Senado los grupos parlamentarios contrarios al actual régimen formaron un bloque para no dejar pasar este cambio, lo calificaron de triunfo, pero ya se vislumbra que puede ser votado a favor en una próxima vez. No es que no se necesite la presencia del ejército en los estados donde hay inseguridad, que para como están las cosas prácticamente son todos los del país, el problema es que esta ley es una imposición de un poder de la República sobre otro, que no sea una ley hecha en la secretaría de Gobernación y se intente pasar, como en diputados, sin cambiarle una coma. Sino buscar un consenso.
El ejército, poco a poco, está abarcando gran parte de la vida nacional, es la institución más querida y respetada del país, un pilar de la vida nacional, no sé si deban ser, como se perfila, un conglomerado, un corporativo. El ejército ya tiene presupuesto federal; que atienda negocios como los aeropuertos o las aduanas, que cree empresas, lo emplaza en una zona gris donde la corrupción es susceptible de colocarlo en peligro, sus miembros, sobre todo los de más alto nivel, pueden hacer negocios alternos y formar una nueva élite de mandos militares que creará toda una nueva clase social en el país. Adiós al pueblo uniformado.
La Guardia Nacional y las policías son otro problema de seguridad, están armados, pero poco capacitados, en el caso de la Guardia colonizada por el ejército, pronto será sólo su apéndice que podrían convertirse en la parte operativa del ejército para contener, en el mejor de los casos, sino para amedrentar, a quien el gobierno o el propio mando militar decida. Y los policías, sobre todo los municipales o los estatales, van en la ruta de desaparecer. Los únicos que prevalecerán serán los de las grandes ciudades, como en la CDMX, Querétaro, Guadalajara o Monterrey.
En el caso del crimen organizado, parece plegando al gobierno, como si fuera otro corporativo, el crimen ya impone precios oficiales a diversos productos, impone maneras de distribución y venta final, es el crimen el que impone, organiza y administra una Pax en sus dominios. Poco a poco los grandes carteles dominan a las organizaciones más pequeñas, las que no son exterminadas pasan a ser parte de su conglomerado ¿Estas corporaciones también comparten sus ganancias con gobierno? Lo que sí se ha documentado es que operan electoralmente en varios estados, listos para operar en el lugar y el tiempo que se necesite. ¿Será este el legado del Obradorismo? El nuevo corporativismo de Morena. Donde la sociedad civil poco importemos y nuevas corporaciones controlen el destino del país.