La corrupción es una palabra que en su significado más amplio se refiere a lo que ya no sirve, que se pudrió, sus elementos se volvieron perversos, sus componentes se invirtieron por lo que ya no sirve para lo que originalmente fue creada. En términos políticos alguien corrupto es quien abusa de su poder, es decir, eso que originalmente fue creado para el beneficio colectivo se pudrió para convertirse en el negocio de unos pocos o a veces de uno sólo.
El actual gobierno tiene como bandera el combate a la corrupción, incluso el presidente ha dicho que ya no hay corrupción en el primer círculo de su administración, que es una lucha que está dando constantemente y que, aunque no ha ganado la batalla está seguro que de algún modo ganará la guerra y la erradicará. Hay muchos ejemplos que desmienten esta afirmación; uno muy rápido es el índice de corrupción que presenta cada año transparency.org, nuestro país no ha bajado ni subido su índice y continúa en el muy precario lugar 124 de 180. Incluso el INEGI indica en su reporte del 7 de diciembre de este año que el 57.1% de los mexicanos “consideró que la corrupción era uno de los problemas más importantes en su entidad federativa. Se ubicó solo por debajo de la inseguridad y la delincuencia.”
El pasado martes, en la Cámara de Diputados, vivimos un hecho que desnuda perfectamente cómo el actual grupo de poder que está en el gobierno es un corrupto, en la Junta de Coordinación Política, se discutió ese día cómo ponerse de acuerdo en qué dictámenes iban a subir al pleno para discutirse, entre ellos estaba el plan A y el plan B de la reforma electoral, en esa reunión los partidos del Trabajo y Verde Ecologista votaron en contra de que se subiera, pero la Alianza Va por México y Morena votaron a favor, cosas de su cálculo político, esto sucedió porque tanto el Verde como el del Trabajo sabían que ambas reformas los pondrían en un dilema donde muy posiblemente, entre otras cosas, no pudieran alcanzar el porcentaje de votación para continuar con su registro.
A lo largo del día se votó la reforma electoral del presidente y fue desechada, pero las reformas a varias leyes secundarias fueron llevadas de propia mano por el secretario de gobernación y aún sin conocerse el contenido de estas leyes, se buscaba que se discutieran. De nuevo el Partido del Trabajo y el Partido verde no estaban dispuestos a votarlas, incluso amenazaban con no votar a favor que se les dispensaran los trámites, como Morena quería y eso haría que fueran turnadas a comisión, pero el secretario de gobernación comenzó una negociación con ellos. En esta negociación se les concedió que ya no era obligatorio que los partidos llegaran al tres por ciento de la votación como actualmente sucede, sino sólo que se mantuviera el registro de manera local en al menos 16 entidades, se eliminó el requisito de tener 3.000 militantes en mínimo 20 Estados y lograron concesiones en cuanto al financiamiento público. Así se desatoró el entuerto y estos partidos votaron las leyes secundarias a favor.
El poder actual ya se pudrió, ha sido muy rápido en cuatro años, no sólo hay varios índices que señalan que existe una grave corrupción, sino que ellos mismos han aceptado que existe. Quizá usted diga: bueno se equivocaron y lo van a corregir. Pero no, no se equivocaron fueron advertidos de la grave inconstitucionalidad del caso y ante la vergüenza recularon, si nadie se hubiera dado cuenta, la ley se hubiera dejado así; de hecho, se votó de esa forma y sería legal, hasta que la Suprema Corte diga que no. Este gobierno es corrupto, lo encabeza el presidente Andrés Manuel y su círculo cercano donde está Adán Augusto, corrompen a quien se deja, a quien se pueda, por la buena o por la mala, ya lo sabíamos, hoy ellos mismos lo aceptan. Nunca mejor esta frase: Tonto es quien cree que el pueblo es tonto.