La marcha del pasado domingo es una muestra de la polarización de la sociedad, de la falta de autocrítica del gobierno, de que el espacio público, la calles, las plazas son de todos, la marcha del domingo, si de verdad el presidente cree saber algo de historia, debería prenderle todas sus luces rojas.
Históricamente las revoluciones las organizan las burguesías, las personas pobres no tienen los recursos, ni el tiempo para organizar una revuelta que termine con un éxito, así ha sido desde Espartaco, que siendo esclavo organizó una revuelta que terminó en tragedia, en cambio las revoluciones que organizaron los burgueses e intelectuales franceses terminaron con la monarquía, fue su contraparte americana la que derrotó a los ingleses para independizarse. El cura Hidalgo, la Corregidora y Vicente Guerrero fueron miembros de la burguesía novohispana, lo fue también el llamado apóstol de la democracia Francisco I. Madero, por supuesto los Hermanos Flores Magón y Don Venustiano Carranza.
Las marchas que se hacían en el país y sobre todo en la ciudad eran mayormente para protestar por alguna arbitrariedad del gobierno, para pedir una renuncia, para modificar una política, casi siempre en detrimento de las personas de pocos recursos, quienes acudían a las marchas usualmente acarreados o de plano pagados por algún partido político, un sindicato o por algún líder que necesitaba llamar la atención, para la mayoría de estas personas la marcha significaba una muestra de disciplina a sus jefes/líderes que se transformaba en pintura, tinacos, ropa, comida y billetes, en efectivo o en su salario.
En esas marchas, donde el acarreo muchas veces prevalecía, muchos de los participantes no iban a ellas con convicción, incluso caminaban de malas, no tenían en la mente el objetivo de la “lucha” sino la rabia de estar ahí contra su voluntad y entonces desataban ese enojo en contra de comercios y el mobiliario público, por eso los negocios cerraban sus puertas, por miedo a la vandalización.
Este domingo viví una marcha diferente, nadie caminaba de malas, nadie rompía nada, nadie tenía odio contenido, había familias enteras, niños que pedían helados, personas que se desviaban de la marcha para sentarse a desayunar, participantes con sus recursos regalaban cosas: rosas, playeras, gorras, agua. A nadie se le pagó nada por ir a la marcha, de hecho, muchos de lo que fueron pagaron por ir en diversos microbuses y hasta en camiones de turismo, los comercios no cerraron las puertas, sino por el contrario vendieron sus productos, sin miedo a ser robados.
La marcha de este domingo defendía una idea, “Mi voto no se toca” y a una institución el INE, los participantes sabían que marchaban con el objetivo de defender la democracia mexicana, no están de acuerdo con que el INE deje de funcionar de manera adecuada. Por supuesto que nadie gritó, ni iba a defender, el sueldo de los consejeros, ni su liquidación, y mucho menos a García Luna, eso fue un invento del presidente Obrador. El único grito fue ¡México, México!
Lo que debería preocupar al presidente es que la pequeña, mediana y gran burguesía mexicana no está contenta con la manera en cómo ejerce el poder y salió a la calle a manifestar su sentir. Si el gobierno nos desprecia, se equivocará, porque no es poca cosa, no somos rehenes de un líder, sindicato o de una torta y un billete, fuimos convencidos y regresamos a casa pensando en que la lucha no termina, sigue. Somos lo mejor de México, porque en la marcha, a nadie se discriminó, ni se apartó, nosotros somos México, no ese ranció y simplista pensamiento que cada día menos mexicanos creen, nosotros somos el pueblo, somos el poder, no el presidente que vive en un palacio y no nos quiere ver.