Desde hace cerca de tres semanas el volcán Popocatépetl ha estado muy activo con fuertes emanaciones de ceniza que afectan la vida cotidiana de habitantes en diversas zonas de los estados de Morelos, México, Tlaxcala, Ciudad de México y, desde luego, Puebla. La última vez que había ocurrido algo similar fue en agosto de 2016 y antes había sucedido en diciembre de 1994.
La lluvia de ceniza preocupa por los posibles daños a la salud al respirar el polvo volcánico, por los daños a la pintura de los vehículos y por las afectaciones a las operaciones aeronáuticas. En este último caso, a lo largo de las semanas se han cancelado vuelos desde la ciudad de Puebla y de la Ciudad de México, afectando a cientos de pasajeros en ambos aeropuertos.
Un estudio sobre la actividad del Popocatépetl, realizado en 2001 por el Instituto de Geofísica de la UNAM, recuerda que el 30 de junio de 1997 el volcán generó una pluma que alcanzó los 8 km por encima del cráter y que durante 2 ó 3 horas cayó ceniza, por lo que “El aeropuerto de la ciudad de México tuvo que ser cerrado por cerca de 12 horas hasta que la ceniza depositada en las pistas pudo ser lavada.” El pasado fin de semana volvió a suceder una afectación semejante.
¿Qué podría suceder?
Además de daños a la salud (molestias en ojos, nariz y garganta, en las vías respiratorias e irritaciones en la piel), hay afectaciones en transportes, edificios, agua, equipos de comunicación, la agricultura, etcétera. En el caso de los aviones, los componentes minerales de la ceniza volcánica pueden producir erosión de los parabrisas (con lo que se pierde toda visión en la cabina) y en partes vitales como el timón; lo peor es que la ceniza puede ser absorbida por las turbinas, provocando que los motores se “ahoguen” y se apaguen.
Son varios los reportes sobre encuentros de aviones con nubes de ceniza. Quizá el más conocido porque obligó a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) a tomar medidas preventivas, es el conocido como el incidente Yakarta (24 de junio de 1982): Los pilotos metieron al avión en una nube de ceniza volcánica de la erupción del Monte Galunggung, creyendo que era una nube de agua, lo que provocó la detección de humo con olor a azufre en la cabina y apagó los cuatro motores. La aeronave pudo planear para escapar de la nube y poder reencender los motores.
Algunos casos: En 1989 un vuelo entró en emergencia al descender en Anchorage, Alaska, debido a la falla de sus cuatro turbinas luego de atravesar una delgada nube de cenizas volcánicas del Monte Redoubt; en 1991, durante la erupción del volcán Pinatubo (Filipinas), 14 aeronaves sufrieron daños en sus motores al volar en áreas con cenizas volcánicas; en 2010 la ceniza de un volcán en Islandia llevó al cierre del espacio aéreo sobre la mayor parte del norte de Europa, en 2011 la erupción del Puyehue-Cordón Caulle, en Chile, forzó a la cancelación de vuelos internacionales.
Cada una de estos eventos ha significado noticia, a veces local, a veces internacional dado que varias de estas nubes de ceniza le han dado la vuelta al mundo, como fue el caso del volcán Chichonal, en el Estado de Chiapas, que en marzo de 1982 hizo erupción generando una columna de ceniza que cubrió el Sureste y Centro del país y circundó todo el planeta.
No es posible impedir la acción de la naturaleza, pero sí se puede prevenir ser noticia negativa de primera plana por no haber considerado la cercanía con un volcán y sus posibles efectos.